ETA
Interior busca debilitar a la banda reagrupando a sus presos disidentes
Por Alejandro Requeijo
2 min
España26-03-2009
Si rechazan la violencia abiertamente y colaboran, les acercan a su familia y a sus amigos. Si no, todo lo contrario. Siete presos etarras han sido trasladados a cárceles del entorno vasco, entre ellos el hombre que ordenó la matanza de Hipercor. Otros, por el contrario, diecisiete terroristas han pasado de una posición cómoda a cárceles de Cádiz o Huelva. Pero hay más. Como traslados que benefician a los asesinos de Miguel Ángel Blanco.
La cárcel de Zuera, en Zaragoza, es desde hace unos días la nueva residencia de Santiago Arrospide Sarasola, Santi Potros, sanguinario jefe de ETA responsable de atentados como el de Hipercor de Barcelona en 1987 o el asesinato de la Plaza de la República Dominicana de Madrid en 1986. Arrospide ha dejado atrás la cárcel gaditana de Puerto de Santamaría. Cientos de kilómetros de diferencia separan esta prisión de la que parece ser ya el epicentro de un experimento de política penitenciaria. En Zuera habitan ya algunos “arrepentidos oficiales” como Francisco Mugika Garmendia, alias Pakito o Iñaki Arakama Mendía, alias Makario. Además de Arrospide, uno de sus lugartenientes de la época, Rafael Caride Simón, también ha sido trasladado a Zaragoza. Pero entre los siete beneficiados destaca Jon Igor Solana Matarrán, histórico miembro del comando Andalucía de que asesinó al fiscal jefe de Andalucía Luis Portero García. Solana ha pasado de Huelva a Valencia, a la misma cárcel donde cumple condena su mujer Eider Pérez, y donde está su hijo Garikoitz. Afortunados. Otros, como Asier Mardones o Aritz Totorika también han cambiado de centro penitenciario pero a kilómetros de distancia del País Vasco. Una política penitenciaria de premios y castigos en forma de kilómetros que se aplican de modo inversamente proporcional al grado de connivencia con la dirección de turno de la banda terrorista. En algunos foros, incluso, se habla de que hay ciertos presos a quienes se mueve de forma permanente por las cárceles españolas para que entren en contacto con los terroristas de ideas más radicales. Los presos son el talón de Aquiles de ETA en un momento ya de por sí débil para la banda. Con unas bases cada vez más mermadas y con el varapalo que ha supuesto para ellos el empuje de Aralar en las últimas elecciones vascas. Aún así, los terroristas siguen mandando avisos. El último, en forma de dos kilos de amonal colocados el pasado 26 de marzo en el muro exterior de la vivienda de un empresario vizcaíno. El artefacto, que se activó con un temporizador, tan sólo causó leves daños materiales. Nuevo atentado Un atentado que parecía ser la respuesta a otro golpe: el procesamiento, tres días antes, de 44 miembros de la llamada Nueva Mesa de Batasuna. El juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón acusa a dirigentes abertzales como Joseba Permach o Pernando Barrena de un presunto delito de integración en organización terrorista. En su auto de procesamiento, el magistrado asegura que ETA es la responsable de todas y cada una de las caretas de Batasuna y que, de este modo, la banda “ha pretendido regenerar el tejido terrorista en todos los frentes para continuar la acción delictiva en pos de su objetivo final".