ESTADOS UNIDOS
Guantánamo, historia del penal más impopular del mundo
Por LaSemana.es
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Internacional21-12-2008
El Gobierno de Estados Unidos, con el atentado contra las Torres Gemelas aún en la retina, decidió, en 2002, hacer una ambiciosa remodelación en la base militar de Guantánamo. El nuevo cometido de la base sería servir de cárcel para sospechosos de terrorismo capturados por el Ejército estadounidense en Afganistán y pronto se convertiría en uno de los penales más impopulares del mundo.
Un total de 248 personas fueron capturadas en Afganistán y trasladadas a Guantánamo con motivo de su estreno. En aquel momento, el ex secretario de Defensa de EE.UU., Donald Rumsfeld, señaló que la construcción de una cárcel de máxima seguridad en la base tendría un coste de unos 60 millones de dólares (aproximadamente 45 millones de euros). El motivo de acometer tales remodelaciones respondía, según Rumsfeld, a la necesidad de reforzar la seguridad del lugar dado que los prisioneros estaban “bien entrenados, son combativos y están dispuestos a dar la vida”. Hacía apenas unas semanas atrás un agente de la CIA había muerto en medio de un motín en la cárcel de Mazar i Sharif, en Afganistán. Desde la apertura del nuevo Guantánamo, las acusaciones contra la Administración norteamericana por permitir la tortura de presos ha sido constante. Apenas meses después de comenzar a estar operativa la base, en Estados Unidos estalló la polémica sobre la legalidad de las técnicas de interrogatorios utilizados en Guantánamo entre el sector moderado del Partido Republicano y la mayoría del Demócrata contra los halcones de la Administración Bush. Una guerra interna que se intensificó sucesivamente en el año 2003, cuando la Fiscalía General y la Oficina del Consejo Legal redactaron un memorando sobre las estrategias a seguir en los interrogatorios que se conoció entre los círculos de Washington como el memorando de la tortura. En él se detallaban varios procedimientos, entre los cuales estaban someter a los detenidos a temperaturas extremas, no permitirles conciliar el sueño durante días ayudados por discos de rock duro programados a todo volumen o cubrirles la cabeza con bolsas para infringirles sensación de asfixia. El lema final, que aparecía textualmente en el documento, era el de que todas las técnicas estaban permitidas porque “sólo se consideraba tortura provocarles fallo orgánico a los detenidos o matarlos.” En su momento, The New York Times tuvo la oportunidad de entrevistar a Paul C. Kelbaugh, un abogado veterano del servicio de inteligencia que reconoció que por aquel entonces su oficina se convirtió en un consultorio para los agentes de la CIA. Al parecer, los interrogadores preguntaban sorprendidos una y otra vez para cubrirse las espaldas acerca de si la combinación de determinadas técnicas del procedimiento no suponían legalmente tortura. “¿Puedo someter al detenido a una temperatura de 50 grados y no darle de comer? ¿O debo ir superponiendo una de las prácticas más duras con otra de las suaves?”, recordó Kelbaugh para el diario. Métodos de interrogatorio heredados de la Unión Soviética La historia del trato vejatorio a los detenidos de los servicios secretos dee EE.UU. es relativamente reciente. La nueva política de guerra contra el terrorismo seguida por la Administración Bush tras los atentados del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001 creó nuevas necesidades en el seno de la CIA, que desde tiempos de la Guerra Fría no disponía de expertos interrogadores. Así, el Gobierno de Estados Unidos envió a un grupo de agentes, hoy la unidad especial encargada de los interrogatorios a miembros de Al Qaeda, a instruirse con miembros de la Policía de Egipto y Arabia Saudí. Allí los alumnos norteamericanos se formaron en técnicas de dudosa legalidad provenientes de la antigua Unión Soviética. Los obstáculos de Guantánamo El Tribunal Supremo de Estados Unidos decretó en 2006 que los detenidos de Al Qaeda estaban sujetos a la Convención de Ginebra, a lo que la Administración Bush reaccionó con una hábil estratagema para burlar los mecanismos de control internacionales. En 2006, Estados Unidos vació sus penales secretos europeos y asiáticos para trasladar a todos los sospechosos de terrorismo a la Base de Guantánamo, Cuba, lejos del censo de detenidos internacional de la Cruz Roja. Asimismo, consiguió colocar a su allegado Alberto R. Gonzales al frente de la Fiscalía General y a Steven G. Bradbury, apodado Dr. Sí por su sumisión continua a las prerrogativas gubernamentales, en la Oficina del Consejo Legal. Otra de las trabas que ha puesto el Tribunal Supremo al penal de Guantánamo vino el pasado verano, cuando el órgano judicial sentenció que, en contra de lo que sostenía el Gobierno, los presos en la base tienen derecho al hábeas corpus (la posibilidad de discutir ante un tribunal ordinario las causas de la detención). Cientos de ellos han pedido desde entonces que se revise su situación.