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TOROS

Triunfal adiós de Pepín Liria en la encerrona ante sus paisanos

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Espectáculos12-10-2008

Si el 12 de octubre España celebra su fiesta nacional, la otra fiesta nacional, la de los toros, suele anunciar interesantes carteles que, en muchos casos, ponen fin a la temporada para sus protagonistas. El torero Pepín Liria ha aprovechado además para retirarse de los ruedos citándose ante sus paisanos de Murcia capital en un festejo que mató en solitario.

Y la despedida no le pudo resultar más triunfal, pues el de Cehegín cosechó un total de ocho orejas, en una tarde de pundonor y entrega que contó también con la complicidad y el cariño de compañeros de profesión y aficionados murcianos. Con toros de distintas ganaderías, Liria obtuvo el siguiente resultado: oreja, dos orejas, oreja, oreja, oreja, silencio y dos orejas y rabo en el sobrero que regaló. Peor suerte tuvo José Antonio Morante de la Puebla, que se anunció en solitario en Zaragoza el día de la patrona. Por la mañana, la cubierta de la plaza maña -innovadora en este tipo de tecnologías aplicadas al mundo taurino- se rompió a causa de la lluvia, lo que por un rato hizo peligrar el que sobre el papel era uno de los carteles de más relumbrón del ciclo pilarico. El diestro sevillano acudía a Zaragoza para matar seis astados, como hizo el mismo día en Murcia el mencionado Liria, o habían hecho otros toreros como Sebastián Castella, Julián López El Juli, en Nimes, y Miguel Ángel Perera, en Madrid, en jornadas atrás. Sin embargo, al de La Puebla, no le fue tan bien como a sus colegas de escalafón que, al margen de los trofeos logrados, protagonizaron espectáculos vistosos y triunfales. En Zaragoza se pudo ver la versión pasota de un Morante que apenas encontró el pellizco y el duende de su toreo andaluz cuando se enrabietó y enfrentó con el público o en algunas pinceladas de toreo con el capote. Tampoco encontró el sitio con la espada y fue abroncado en su salida -a pie- del coso de La Misericordia. Para colmo, uno de los hombres de sus cuadrillas, el banderillero Manuel Bueno fue cogido de gravedad cuando ponía los palos. Esa tarde el torero de plata tenía previsto también despedirse de los ruedos, pero un cornadón le llevó a la enfermería.