AUTOPISTAS Y AUTOVÍAS
¿Cómo nos afectan los contratos del Estado en cuestión de infraestructuras?
Por María García Cirac
1 min
Economía05-04-2008
Muchas personas no tienen clara la diferencia entre una autovía y una autopista hasta que no llegan al peaje. Ahí es donde se dan cuenta de que para conducir por una autopista es necesario pagar, que la circulación no resulta gratuita. Sin embargo están olvidando que circular por una autovía tampoco es gratis, sino que la Administración ha tenido que pagar un precio.
Cualquier persona identificaría peaje con el dinero que paga por circular por una autopista. En cambio, la Real Academia Española (RAE) en su diccionario define la palabra peaje como “derecho de tránsito”, que puede ser tanto tránsito fluvial como naval o terrestre. Es decir, no hay diferencias entre autovías y autopistas puesto que por ambas se transita. La diferencia radica en que las autopistas son construidas por una empresa que ha firmado un contrato de concesión de obra pública con el Estado y en virtud del cual puede explotarla durante un periodo de tiempo pactado previamente. Esta explotación lleva asociado el pago de una tasa por parte de los conductores que circulen por dicha vía. Mientras, las autovías son gestionadas por el Estado, de modo que aunque las construya una empresa no hay que pagar un peaje en un lugar específico, sino que a la compañía le paga la Administración. En otras palabras, a la compañía también le dan dinero los conductores, pero en menor medida, puesto que ayudan el resto de españoles. La gente prefiere el segundo tipo de contratos, los contratos de obra pública, ya que dan la sensación de que las obras salen gratis, pero no se dan cuenta del terrible perjuicio que ello supone para el desarrollo del país. Con los contratos de concesión de obra pública las infraestructuras son pagadas por los que las utilizan. En cambio, con los contratos de obra pública las infraestructuras son pagadas por todos y la consecuencia última es que la Administración tiene menos dinero para llevar a cabo otros proyectos que quizás sean más interesantes. Pagar todos por algo beneficioso para unos pocos es injusto, pero muchos políticos están convencidos, probablemente con mucha razón, de que ayuda a ganar votos.