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CHIPRE

Nicosia se propone dejar de ser Berlín

Por Luis Miguel L. FarracesTiempo de lectura4 min
Internacional06-04-2008

La sombra del archiconocido Berlín de la posguerra comienza a desvanecerse en Nicosia. Los líderes turco y grecochipriotas de la isla reabrieron la pasada semana el tránsito de personas por la histórica calle Ledras, ubicada en la línea de contención de Naciones Unidas entre las dos comunidades. Un gesto que dejará libre para las dos comunidades el casco histórico de la ciudad y del que se espera sea la primera etapa de la reunificación de la isla.

Los habitantes de la capital mediterránea, en apenas un año, ya habían visto la demolición del muro que separaba los sectores turco y griego de la ciudad, la desaparición de los puestos fronterizos y la desmilitarización del centro por parte de las tropas de Ankara. La última de las pruebas de que algo está cambiando en Chipre llegó la pasada semana con la apertura de la mítica calle Ledras, una vía que a mediados del siglo XX suponía para los herbitenses lo que, por ejemplo, la Gran Vía para los madrileños o, salvando las diferencias dimensionales, la Diagonal para los barceloneses. Una calle por la que han caminado los recuerdos más violentos de la historia del país. Ledras era conocida como "la milla del asesinato" por parte de los soldados del Imperio Británico debido a la cantidad de atentados organizados allí por los nacionalistas y fue asimismo el escenario de los primeros enfrentamientos entre turcos y griegochipriotas durante los años sesenta. Ahora, casi medio siglo después, la clase política de la dividida isla prentede poner la calle como paradigma del entendimiento entre las dos comunidades. La reapertura de la calle Ledras llevaba proyectada algo más de un año, pero no fue hasta hace un par de semanas cuando se anunció la intención inmediata de reabrir la vía. Ocurrió durante una reunión entre el recién elegido presidente grecochipriota, el comunista Dimitris Christofias, y el líder turcochupriota, Mehmet Ali Talat, destinada a ser "la primera de muchas" entrevistas para reactivar el proceso de reunificación de la isla. La reapertura de la calle Ledras y el ambicioso proyecto de restauración de sus edificios supone un claro experimento de esa reunificación dado que el gesto va bastante más allá que la transitabilidad de una simple avenida. La calle Ledras es uno de los puntos por los que atraviesa la línea verde de Naciones Unidas, vigilada por los cascos azules, que establece un espacio neutral de contención entre el sector turco y el heleno. Ello supone que la apertura de la calle Ledras permita a los habitantes de ambas comunidades visitar con libertad todo el centro de Nicosia, algo que pondrá a prueba la capacidad de convivir de la gente de uno y otro lado de la frontera. Sin embargo, pese al optimismo de los miles de personas que se dieron cita en la emblemática calle con motivo de su reapertura, el cierre durante dos horas del tránsito por Ledras por la supuesta presencia de un vehículo militar turco, evidenció que aún queda mucho camino para la reunificación del país. Un país dividido Pese a los gestos de acercamiento en la calle Ledras de la pasada semana, la isla de Chipre sufre una fractura social muy aguda entre helenos y turcos heredada de mediados del siglo pasado. Chipre consituyó parte del Imperio Británico desde 1914, cuando estalló la Primera Guerra Mundial. Tan sólo una década después el conflicto social con la metrópoli iría in crescendo azuzado por las comunidades grecochipriota (la mayoritaria) y turcochipriota, que exigían la unión de la isla con Grecia y Turquía respectivamente. Pese a todo, las disputas entre las dos etnias de la isla no fueron excesivamente relevantes hasta la independencia de ésta en 1960, año en el que se creó una Constitución para Chipre que equilibraba los poderes entre ambas comunidades (algo similar al sistema político libanés que aglutina a cristianos, suníes y chiíes). A mediados de la deácada de 1960, las espirales de violencia entre las congregaciones ya estaban a la orden del día. Con la tensión como nota predominante en la vida política de la isla, en 1974 un grupo favorable a la anexión griega de Chipre dio un golpe de Estado contra el Gobierno mixto que desembocó en la invasión de Turquía del norte de la isla. Las autoridades otomanas crearon desde entonces la República Turca del Norte de Chipre, un Estado que tan sólo es reconocido por Ankara y que desde entonces ha vivido de espaldas a la zona grecochipriota y a la Unión Europea con instituciones propias. Pese a que en los últimos años se han sucedido los gestos de distensión entre ambos sectores, coincidiendo con la entrada de la zona grecohipriota en la Unión Europea, en 2004 se convocó un referendo por la unión de ambas zonas impulsado por Naciones Unidas que sin embargo se topó con el rechazo del 76 por ciento de los grecochipriotas. Ello no augura una reunificación próxima entre dos zonas con lengua y religiones distintas y que tienen notables diferencias en torno a su desarrollo económico. El impulso de una hipotética reunificación supone ahora más una iniciativa de la clase política que una ambición popular.