BIRMANIA
Las protestas regresan a Birmania
Por Carmen Benítez Herrero
2 min
Internacional02-11-2007
Aunque haya pasado más de un mes desde que se recrudecieron las protestas, la semana pasada regresaron las revueltas a la capital birmana y los correspondientes despliegues de Fuerzas de Seguridad para acallarlas. El sector turístico, muy importante para la capital, está sufriendo un considerable descenso.
Las protestas han regresado a Birmania. Cuatro semanas después de que se recrudecieran las manifestaciones masivas, se ha vuelto a registrar un nuevo despliegue de las Fuerzas de Seguridad en la ciudad de Rangún. Decenas de policías fueron situados tanto ante la pagoda Shwedagon, donde en septiembre se congregaron decenas de miles de monjes en marchas de protesta, así como ente la pagoda Sule. La junta militar que gobierna desde hace lustros quiere evitar que las nuevas protestas vayan a más. Los monasterios son vigilados y la gente tiene miedo, comentó un habitante de las inmediaciones. El mes pasado, el Gobierno había sofocado las protestas brutalmente. Centenares de personas fueron transportadas a instalaciones donde fueron maltratadas. La cifra extraoficial de muertos a raíz de las represalias asciende a 200. Ante la indignación internacional expresada por estos acontecimientos, el Ejecutivo castrense birmano organizó un encuentro con Aung San Suu Kyi, líder de la oposición que se encuentra desde hace más de una década bajo arresto domiciliario. No se dieron a conocer las conversaciones. Los disidentes, sin embargo, temen que este tipo de encuentros tenga como único fin calmar los ánimos de la Comunidad Internacional. Human Rights Watch, organización de Derechos Humanos, destacó la importancia de la realidad de las minorías étnicas en Birmania. La junta militar ha trasladado a miles de personas en el este del país, y a mitad de este año había medio millón de desplazados en las zonas limítrofes, informó la organización en Nueva York, remitiéndose a datos de la ONG Thailand Burma Border Consortium. Ambas organizaciones hicieron hincapié en que la Comunidad Internacional no puede ignorar la emergencia que persiste en la región. Además, Human Rights Watch denuncia que el Ejército birmano recluta a niños soldados que sirven para cumplir con su alta cuota de incorporaciones a filas. Niños de hasta 10 años son usados como una alternativa ante la dificultad de convencer a los adultos de que se sumen a las Fuerzas Armadas y a los altos niveles de deserción que padecen, según un informe de 135 páginas. El documento también señala el uso de niños soldados por parte de grupos armados enfrentados al Gobierno, pero en un número mucho más reducido. Además, el sector dedicado al turismo está sufriendo las consecuencias de la delicada situación política. Ya se cancelaron numerosos vuelos y los hoteles y restaurantes despidieron a decenas de empleados por la falta de turistas.