RELIGIÓN
La vida de los beatos es rigurosamente analizada para confirmar su santidad
Por Leticia Prado
2 min
Sociedad28-10-2007
La beatificación de los mártires españoles ha movilizado a un gran número de peregrinos que deseaban presenciar el acto en Roma. El proceso se ha podido llevar a cabo después de someter a un riguroso estudio la vida de los candidatos a los altares para demostrar su martirio. Todas las beatificaciones tienen que pasar por una investigación que sirve para confirmar la verdadera entrega a la vida religiosa.
La beatificación es un proceso por el cual se confirma que una persona ha desarrollado las virtudes religiosas plenamente durante toda su vida o ha muerto en condiciones de mártir. Es un decreto concedido por el Papa, que precede a la canonización, y que permite el culto público a la persona, sin llegar a ser universal. Antes de declarar a alguien beato se deben de cumplir una serie de procesos cuyo objetivo es demostrar que la persona ha ofrecido su vida por las virtudes cristianas. Pero hay diferentes maneras de entrega que dan lugar a dos tipos de beatificaciones. Algunas personas han practicado su religiosidad en grado heroico. El proceso de beatificación sería, entonces, por la vía de las virtudes heroicas. Se analizarían en la vida del siervo de Dios sus escritos, virtudes y la reputación de santidad que se está considerando. Es el obispo del lugar en donde ha vivido o fallecido el candidato el que se encarga de estos trámites. También se tienen en cuenta los milagros, entendidos como hechos que no son explicables por circunstancias naturales. Todos los milagros han de ser físicos y servirán las declaraciones de testigos para considerarlos válidos o no. Si el candidato es una persona que ha sufrido martirio por su fe, entonces hablamos de la beatificación por la vía del martirio. En este caso se tendrán en cuenta los últimos años de vida del posible beato, para analizar la entrega a la vida religiosa, y no serán tan imprescindibles los milagros. Los ritos de las beatificaciones se suelen realizar en las diócesis que han pedido realizar el proceso. Comienzan con una presentación de lo más destacado de la vida del candidato, durante una celebración litúrgica (después del acto penitencial y antes del canto del Gloria). Una carta apostólica concede la condición de beato al siervo de Dios de la mano del representante del Papa. Introducir una causa de beatificación exige un tiempo mínimo de cinco años y máximo de cincuenta. Sólo en dos ocasiones se ha variado el tiempo: en la beatificación de la Madre Teresa de Calcuta, concedida por Juan Pablo II, y otra por Benedicto XVI, al acelerar el proceso de canonización de Juan Pablo II.