Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

TERRORISMO

Argelia, el germen de la entrada de Al Qaeda en el Magreb

Por Luis Miguel L. FarracesTiempo de lectura3 min
Internacional15-04-2007

Resulta palpable en los últimos meses que el terrorismo islamista se ha hecho fuerte poco a poco en el Magreb. Los atentados de la pasada semana en Casablanca y Argel son sólo un episodio más del creciente problema de la infiltración de células terroristas en el norte de África. Y es que Al Qaeda acaba de aterrizar en una región clave, puente con Occidente, gracias a la preexistencia de pequeños grupúsculos islamistas con un origen muy claro, la Guerra Civil argelina de los años 90.

La mecha del polvorín en el que amenaza convertirse hoy el Magreb se encendió en Argelia en 1991, cuando estalló la guerra civil en el país norteafricano. El motivo de la contienda fue la cancelación por parte del Gobierno de la segunda vuelta de las elecciones generales, en las que el Frente Islámico de Salvación (FIS) se perfilaba como claro vencedor. Ante tal situación, el Ejecutivo moderado de Argel suspendió los comicios aludiendo a que el FIS acabaría con la democracia, desencadenando la formación de guerrillas partidarias de los islamistas del FIS por todo el país. Ese fue precisamente el germen de la presencia actual de Al Qaeda en el Magreb. Así, el Ejército Islámico de Salvación (EIS) se convirtió en el brazo militar del FIS durante la guerra mientras que el Grupo Islámico Armado (GIA) fue sin duda alguna la guerrilla antigubernamental más importante, que pese a compartir los principios islamistas mantuvo a lo largo de su historia varias pugnas con el FIS. En su currículum aparecen mas de 1.000 muertos en atentados dentro y fuera de Argelia y acciones como el secuestro de un avión de Air France en 1994 y el intento de secesión de una provincia del país para proclamar un territorio islámico independiente en el que gobernar. Pese al efecto que intentó conseguirse, las políticas de apaciguamiento a finales de los 90 que concluyeron con el final de facto de la guerra en 2002 las actividades terroristas islamistas no cesaron. Es cierto que la mayoría de guerrillas de la contienda civil fueron renunciando paulatinamente una tras otra a la violencia, pero también es verdad que cada una de ellas fue dejando a excombatientes descontentos capaces de unirse a la causa islámica a la menor oportunidad. Y esa oportunidad siguió existiendo gracias al GIA, que extendió sus operaciones fuera de las fronteras de Argelia y se convirtió en casi un fundador del terrorismo islamista internacional en el Magreb. Sin embargo, con la entrada del siglo XXI, el acoso policial sobre el GIA en toda la región acabó por precipitar su caída. No obstante, tal desaparición está a día de hoy más que demostrado que fue ficticia y que respondió a una estrategia de confusión de los integrantes del GIA que se unieron a otros islamistas violentos dando forma al Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), un grupo independiente defensor del islamismo como única vía política en los países magrebíes. Al GSPC, amén de con múltiples atentados como los de la pasada semana, se le relaciona además con la intentona de golpe de Estado islamista en Mauritania en 2005 y demás estrategias políticas turbias en la región. Hace apenas unos meses, el GSPC anunció definitivamente su renuncia a la independencia como grupo y se unió a la archifamosa organización de Osama bin Laden, Al Qaeda, bajo el nombre de Al Qaeda en el Magreb Islámico. Sin duda alguna, la etiqueta del grupo del millonario saudí ha hecho al antiguo GSPC ganar adeptos y le ha supuesto una innovación de estructuras clave para su crecimiento, dado que se espera que ahora pueda recibir muyahidines de cualquier lugar de Oriente Próximo y Oriente Medio, multiplicando así sus efectivos. Los primeros resultados de la reconversión del GSPC han resultado devastadores, con cuatro atentados en un solo mes.