LIBERTAD DURADERA
La ‘troika’ europea encuentra divergencias en Asia
Por David Hurtado
2 min
Internacional29-09-2001
El grupo de representantes de la Unión Europea (UE) encabezados por el alto representante de la Política Exterior y Seguridad Común, Javier Solana, que viajó la pasada semana por varios países islámicos en busca de colaboración antiterrorista, marchó de su último destino, Siria, con un sabor agridulce.
Irán negó con contundencia el apoyo a Estados Unidos y Siria mostró sus diferencias a la hora de justificar los posibles ataques estadounidenses sobre Afganistán y otros objetivos terroristas. Si bien países como Arabia Saudí o Egipto se han mostrado dispuestos a colaborar con la coalición internacional, Siria e Irán han mostrado sus discrepancias con el plan estadounidense. En general, todos los países visitados por la troika europea están dispuestos a poner un mayor esfuerzo en la lucha contra el terrorismo. Pese a ello, también consideran que el ataque estadounidense puede ser considerado por sus poblaciones como un ataque al mundo islámico, con lo que tampoco quieren arriesgarse a dar carta blanca a EE.UU. El Gobierno sirio señaló que habría que dejar claro lo que se entiende exactamente como terrorismo. "Siria considera injusto calificar como terrorismo una acción de lucha contra una ocupación extranjera", afirmó el Gabinete sirio en referencia a grupos palestinos como Hezbolá. Además, añadió que el terrorismo es "salir de casa una mañana y matar a hombres, mujeres o niños inocentes". Pese a todo, Siria quiere colaborar en una campaña no militar bajo el mando de la ONU. Irán ha sido más tajante contra EE.UU. El ayatolá, Ali Jamenei, sentenció que los iraníes no prestarán "ninguna ayuda a Estados Unidos y a sus aliados". Mientras, el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Kamal Kharazi, manifestó que cualquier ataque debe estar basado en pruebas fiables y que debe hacerse "en el marco de la ONU". Pakistán se encuentra entre la espada y la pared. Por una parte, no quiere apoyar al régimen talibán y, por otra, se ve en la obligación de defenderlo ante la presión popular paquistaní y para prevenir represalias del régimen afgano. El Gobierno de Pakistán envió la semana pasada a Afganistán, con nulo éxito, un grupo de Ulemas (líderes religiosos) para tratar de convencer a los talibán de la entrega de Bin Laden. Además, Pakistán ha advertido de que no aceptará un nuevo Gobierno impuesto desde fuera y liderado por la Alianza del Norte, la oposición, en Afganistán. La buena noticia para EE.UU. llegó de la mano de Arabia Saudí que, finalmente, ha autorizado el establecimiento de un puesto de mando estadounidense en la base Príncipe Sultán en suelo saudí.