Más de la mitad de los votantes no quiere que Blair ejerza como primer ministro
Por Salva Martínez Más
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Internacional08-05-2005
El mismo día en que votaron los británicos, una encuesta divulgada por The Guardian señalaba que el 59 por ciento de los votantes aseguran no querer como premier al impulsor de la Tercera Vía y del Nuevo Laborismo, Tony Blair.
Ese porcentaje no sólo se refiere a votantes de los otros dos grandes partidos Reino Unido, Tories (conservadores) y Liberal-Demócratas. Porque el estudio señalaba que en el mismo seno del Partido Laborista existe un 45 por ciento de votantes que no son favorables al liderazgo de Blair en esta recién estrenada tercera legislatura. Estos datos sólo se explican por la erosión política a la que ha estado sometido en los últimos años de Gobierno el primer ministro británico, Tony Blair. El analista del Brookings Instituion de Washington, Philip Gordon, sostiene que Blair “se ha degradado”. Pero esta transformación a peor de quien vino con el plan del Nuevo Laborismo bajo el brazo no se debe a la mala gestión económica del país. De hecho, el PIB del Reino Unido ha crecido un 2,3 por ciento de media en el segundo mandato de Blair, la tasa de paro no llega al cinco por ciento y, en resumen, Reino Unido continúa en la quinta posición del ranking de las potencias industriales del mundo. Según, Philippe Marlière, politólogo de la Universidad de Londres, la clave de este éxito económico reside en que Tony Blair ha sabido desarrollar una política económica “situada entre el ultraliberalismo conservador y la economía administrada del modelo soviético”. Claro que no todo son logros en el campo de la economía. En esta materia “queda trabajo por hacer”, según Kitty Stewart, investigadora en el centro de análisis de exclusión social. Tanto es así, que en 2004 existen las mismas diferencias entre ricos y pobres que en 1997, cuando Blair llegó al poder. Sin embargo, la degradación de la imagen del neolaborista por antonomasia se debe, sobre todo, a la oposición que ha suscitado en su país en general y en su propio partido en particular el rumbo de la política exterior de Blair. Desde que llegó al poder, Blair ha puesto a Reino Unido en el rol de puente entre Estados Unidos y Europa. Pero este posicionamiento se convirtió en atlantismo puro y duro cuado se alineó en la coalición que George W. Bush convocó contra Sadam Husein. Antes de que comenzara la guerra contra Iraq, dos millones de personas salieron a las calles de Londres en una de las mayores manifestaciones antiguerra que ha vivido en su historia la capital británica. Dese el jueves pasado, los laboristas tienen una mayoría parlamentaria muy limitada. Para la aprovación de textos legislativos en la Cámara de los Comunes es necesario el voto favorable de, al menos, 324 diputados. Tras la votación del jueves pasado, de los 355 diputados obtenidos por el Partido Laborista, 40 de ellos se rebelaron contra Blair en los días de la guerra de Iraq. En esta tercera legislatura, Blair no podrá prescindir de estos representantes rebeldes.