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IRAQ

Las versiones de EE.UU. y de Italia no coinciden

Por Salva Martínez MásTiempo de lectura2 min
Internacional13-03-2005

La muerte de Nicola Calipari, el agente secreto italiano que liberó a la periodista de Il Manifiesto, Giuliana Sgrena, es el desmán reciente que más ha evidenciado la escasa eficiencia que en ocasiones acusan quienes lideran la coalición que ocupa Iraq.

Las diferencias entre las explicaciones que da el Ejército estadounidense y las del Ejecutivo de Berlusconi son notables. “La reconstrucción italiana de los hechos no coincide totalmente con la que nos comunican desde EE.UU.”, dijo el martes pasado en el Parlamento el titular de Asuntos Exteriores, Gianfranco Fini. Un día más tarde, el propio premier italiano, Silvio Berlusconi, explicó en una intervención al Senado las mismas diferencias. Aunque insistió en la necesidad de encontrar un “entendimiento” entre EE.UU. e Italia. La coincidencia final de las versiones podría llegar tras la investigación iniciada la semana pasada y que durará tres o cuatro más según informó el jefe de la fuerza multinacional en Iraq, el general George Casey. Esa investigación no estudiará hechos como los que denuncian desde abril de 2004 las organizaciones de Derechos Humanos. Según estas asociaciones, en esas fechas se acribillaron vehículos en los que viajaban mujeres y niños en un control similar al que costó la vida del agente secreto italiano. En el Iraq asolado por ataques, justificados o no, las tropas estadounidenses no monopolizan la violencia. Dos empleados estadounidenses murieron el sábado pasado al explotar un artefacto junto al vehículo en el que viajaban en la carretera de Hilla, al sur de Bagdad. Ambos pertenecían a una empresa encargada de velar por la seguridad de los oficiales estadounidenses. Con estas dos muertes son 209 los empleados extranjeros que han perdido la vida en Iraq desde que comenzó la guerra en marzo de 2003. Un día antes de la muerte de estos dos agentes de seguridad, un soldado también resultó muerto como consecuencia de un ataque de la guerrilla en Mosul, a 360 kilómetros al noroeste de Bagdad. Con esta muerte, son ya 1.513 los soldados estadounidenses que han perdido la vida en el país. De esas muertes, 1.153 fueron el resultado de acciones hostiles de la guerrilla. Pero desde que comenzó la guerra no sólo las tropas de ocupación y las instituciones creadas al amparo de ésta son el objetivo de los ataques de los terroristas. Los chiíes iraquíes continúan en el punto de mira desde que las organizaciones políticas que profesan esta corriente del Islam se prevén como los líderes políticos del país. De hecho, los chiíes son la fuerza mayoritaria en la Asamblea Nacional iraquí que redactará la constitución del país. Del total de 275 representantes de esa Asamblea, 140 son chiíes. La importancia política de estas organizaciones explica que sean objetivo de ataques como el del jueves pasado. Ese día, un suicida que explotó su carga dentro de una mezquita chií en Mosul y mató a 46 personas. Otras 100 resultaron heridas. La amenaza es tal que quienes quisieron celebrar funerales para despedir a los muertos del jueves pasado no pudieron hacerlo en público. El miedo a las amenazas obligó a celebrar funerales privados con presencia de guardias de seguridad armados.