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ACHIQUE DE ESPACIOS

Fieras

Fotografía

Por Nacho García BarcoTiempo de lectura2 min
Deportes23-07-2001

Por un motivo único de supervivencia, el triunfo en el deporte está muy vinculado a todos aquellos que actúan con una dosis extra de fiereza. El hambre de títulos y de triunfos termina marcando a aquellos deportistas que saben conjugar talento y clase con garra. No hay ningún fuera de serie que no actúe con voracidad, con perseverancia. Por todo esto es inevitable hablar de dos genios que transitan en la actualidad por momentos bien distintos. Uno es Tiger Woods. Si raro es que el golfista norteamericano pase por un torneo de primer nivel de puntillas, más lo es si lo hace por segunda vez consecutiva. Las grandes figuras se crecen en los momentos de verdadera importancia, en aquellas citas que dan prestigio y encumbran para la posteridad. El Tigre, después de sumar títulos y dinero como el que hace rosquillas, pasa por una época de vacas flacas. Ya lo demostró en el Abierto de Estados Unidos, que terminó ganando Retief Goosen, y lo ha corroborado en el reciente torneo británico, otro de los grandes. Parece como si Woods hubiera entrado en el típico bache que pasan las estrellas que se habitúan al éxito cotidiano. En Gran Bretaña, el mejor golfista del mundo desapareció tras la primera jornada y fue dando tumbos hasta el final. Se mostró muy desconcentrado, conectando demasiados golpes más propios de principiantes, y sin dar sensación de querer y poder ganar. Todo lo contrario que un compatriota suyo con nombre de leyenda, Lance Armstrong, que sigue demostrando que no hay nadie como él. Con todo lo que conlleva, la actuación del ciclista del US Postal en el Tour ha supuesto que todo el mundo le compare con los mejores de la historia: los Merckx, Hinault o Induráin. Pero lo mejor no es la cantidad de piropos que le están lloviendo, sino que sale ganando en todos los casos. Estamos ante otra figura mítica del ciclismo, un dominador de todos los terrenos. Su cambio de ritmo en la alta montaña, su superioridad contra el reloj, su lectura de las etapas... Todo le hace estar muy por encima del resto, que no pueden más que agachar la cabeza cuando Armstrong encara la meta. Esa garra, ese hambre de triunfos es lo que le hace un grande del deporte. Quizá tenga tanto talento como Woods, pero ahora mismo, la fiereza del ciclista es lo que le coloca, otra vez, tan cerca del cielo, es decir, de los Campos Elíseos, de París.

Fotografía de Nacho García Barco