CONFERENCIA POLÍTICA
Zapatero: el socialismo, de nuevo
Por La Semana
2 min
España21-07-2001
Dice que cuando le preguntan "¿Y esto es el nuevo socialismo?", él responde: "Esto es el socialismo, de nuevo". Sin miedo, el PSOE dice renovarse para adaptar sus principios de siempre a las necesidades de la sociedad actual. Una renovación que ha afectado, también, a la imagen exterior del un partido defenestrado que parece recobrar su dignidad.
La nueva imagen es la de Zapatero. El secretario general socialista ha insuflado a toda la Conferencia Política su talante. Hagamos política bonita, dice. A José Luis Rodríguez Zapatero le preocupa la estética de la ética y la ética de la política -en algo debe notarse la influencia de la catedrática de Ética Amelia Valcárcel, que presentó, junto a otros, en el Círculo de Bellas Artes del borrador del documento marco de la Conferencia Política- Zapatero repite una y otra vez que él no va a insultar a la oposición. Con una cartelería tan acogedora como la que fue preparada para la Conferencia Política -suave, luminosa, moderna y protagonizada por imágenes de hombres y mujeres anónimos- uno no sabía si se presentaba la ideología de un partido o el disco de un cantante de boleros. De hecho, uno de los grandes carteles que presidían el escenario no tenía ni siquiera texto: a la izquierda, medio rostro del líder, sonriente, seductor. No se ve la ceja que correspondería... Todo está dulcificado. Con aquella escenografía de fondo, Zapatero pidió a los ciudadanos que volvieran su mirada al partido Socialista. Les aseguró que había dejado de "mirarse al ombligo" -el partido-, que todo lo bueno que había pasado en España durante los dos últimos años llevaba la huella del partido Socialista y que el Gobierno de Aznar estaba casi terminado. Echó la mirada atrás. Y recordó Zapatero sus palabras cuando fue nombrado secretario general, en el 35 Congreso, hace un año. "No estamos tan mal" dijo entonces. "¡Estamos muy bien!", arengó el pasado sábado. Los aplausos se arrancaban con facilidad a un público que sentía, de nuevo, que la erótica del poder vuelve a estar con ellos. Felipe González, en primera fila, aplaudió poco durante el discurso de cierre de Zapatero. Sólo cuando el secretario general instaba a José María Aznar a "poner orden en sus filas" para que no se produjeran declaraciones como las de Fraga, que habló de miles de muertos de lograrse la autodeterminación en el País Vasco. Próxima estación: esperanza era el disco que le recomendaba Zapatero a Aznar, un disco que no ha podido tener mejor publicidad. Se lo recomendaba para que dejase de oír la yenka, y para dejar más claro cuál podría haber sido el título de la Conferencia Política. Y terminó con lo que será, seguro, la obsesión al estilo Juan José Millás de Rodríguez Zapatero: el Quijote. Un caballero andante de la política española.