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SIN ESPINAS

La Noticia del Siglo

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura3 min
Opinión02-11-2003

Se produjo el sábado y nos dejó a algunos conmocionados. No por esperada dejó de sorprendernos. Y espero que nunca dejen de llamarme profundamente la atención estas situaciones. Estas son cosas que se suelen repetir. Así es la vida. Los niños se hacen mayores y quieren abrirse camino, la madres quieren lo mejor para sus hijos y los padres desean para sus vástagos un futuro incluso mejor del que a ellos les ha tocado vivir. Esto, por suerte o por desgracia, no les toca a todas las familias. Sólo a algunas escogidas históricamente por las circunstancias de la vida. Y después de un tiempo a la deriva, al final, parece que el dibujo del horizonte convierte la esperanza en realidad. De pronto, todo es como un cuento de hadas. Llegó el gran día. El día de embarcarse en una gran aventura. Tanto esfuerzo, tanta preparación, tanta lucha para que lo planeado salga bien merece la pena. Un nuevo abanico de posibilidades e ilusiones se abre entonces. Pensar que por fin se podrá formar una familia en condiciones, crear un hogar con unos hijos, asentarse definitivamente en un lugar y no ir de flor en flor, de pueblo en pueblo o de ciudad en ciudad, como un nómada impenitente, imagino que debe mover a dar este paso tan importante. Era sábado y aunque llovía mucho todo eso quedó despejado. La gran incógnita dejó de serlo. La elección y la apuesta personal recibiría una contestación rápida de los elementos. Los anhelos dejarían de serlo y lo esperado desde largo tendría por fin su solución en forma de teletipo. Era sábado, pero no este, ni es la boda de Don Felipe a lo que me refiero. Medio centenar de inmigrantes encontró a la muerte como respuesta en su travesía por el Estrecho. La tempestad se los tragó para después escupirlos uno a uno, ya sin vida, de las pobres playas de Marruecos a las de la Tacita de Plata. Sus cuerpos pálidos aparecieron por la caja tonta para engrosar la lista de caídos en busca de esperanza. Atendimos sus problemas por unos segundos, los que duró la perversa imagen que mostraba –sin por ello informar más de su calvario- su cara devorada por los peces tras días flotando en media mar. Pero perdonad que os dejáramos tan pronto porque, debíamos atender con urgencia a esas otras cosillas “más importantes” para los que tenemos el estómago lleno. Es que es así, que no os enteráis, que a nosotros nos preocupa más con quién se casa el Príncipe que lo que os pase a vosotros. Ya sé que estáis muriendo cada día por buscar un futuro mejor, y eso en Occidente es lícito y todas esas chorradas. Pero aquí es que a nosotros nos da igual que os estéis ahogando delante de nuestras narices. Es que no vendéis, tenéis que ahogaros más mediáticamente. Ya sé que ni a vuestro gobierno ni al mío le interesáis una mierda pero como no lo hagáis mejor, no llegaréis nunca a ser la noticia del siglo. Tenéis que ahogaros a centenares o a miles que aquí las cantidades se valoran mucho. Aquí sabemos cuánto cuesta todo pero no conocemos el valor de nada. Por ejemplo, el valor de una vida humana. Desde el sábado pasado hasta el domingo al menos 34 personas más perdieron la vida intentando cruzar el Estrecho. Y todo el espacio para la preocupación u ocupación social era para una sola: Letizia Ortiz. Lo dicho pura matemática. En la llamada civilización del siglo XXI, 1=34.

Fotografía de Javier de la Rosa