ANÁLISIS DE LA SEMANA
Martillazo al cerdito de barro
Por Gema Diego
2 min
Economía05-10-2003
Lo del estallido de la burbuja inmobiliaria es como el cuento de Pedro y el lobo: siempre va a venir y luego termina por no llegar. Parece que la dichosa burbuja tiene una elasticidad infinita que le permite hincharse año tras año sin romperse. Hoy compro un piso por 180.000 euros, mañana lo venderé por 300.000. Las advertencias son constantes, pero el problema se ha tornado más grave ahora que el Banco de España reconoce que la situación no está para tirar cohetes y que hasta Rato dice que hay que hacer algo. Si no, comprar una vivienda se va a terminar llevando la mayor parte del esfuerzo, la ilusión y las ganas de comerse el mundo de los jóvenes. ¿O es que tendremos que estar toda la vida viviendo de alquileres, hasta que nos jubilemos? Sin un lugar donde vivir nadie puede consumir, lo que repercute en la buena marcha de la economía de todo el continente. A lo mejor ese maravilloso plan de obras públicas no es la solución para sacar a la UE de la apatía, y puede que fuera una buena idea ponerse a combatir la especulación inmobiliaria para que los europeos no debieran invertir la mitad de su sueldo en luchar contra una hipoteca. Si ese dinero no se dedicara a alicatar el piso, seguro que iba directo a fomentar la creación de empleo que, precisamente, es uno de los objetivos de los presupuestos del Gobierno para el 2004. Si la cantidad que se destina a pagar los intereses, por muy bajos que estén, se la llevara el turismo, los muebles, los coches, y la cultura, Europa sería uno de los mejores lugares del mundo para vivir. Quizás la culpa no sea tanto de los mandatarios europeos, ni tan siquiera del Gobierno español. Tal vez haya que mirar más abajo, a ese alcalde o a esos concejales que hacen y deshacen a su gusto en los terrenos de su ciudad, que no es suya. Puede que las cuentas por tener que ahorrar durante años y años para tener un sitio donde vivir haya que pedírselas cara a cara casi al vecino de al lado. Cosas de la descentralización.
