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EL REDCUADRO

Señor Rajoy: hágase bético

Fotografía

Por Antonio BurgosTiempo de lectura2 min
Opinión07-09-2003

Tenemos que renovar urgentemente la panoplia de tópicos nacionales. España es la patria del toro de Osborne, del Real Madrid, de la paella, de la sangría, del flamenco... y de las transiciones perfectas. Hay que añadir la transición al repertorio de tópicos, a la vista de lo bien que nos salen. No me refiero sólo a la Santa Transición que ya está en los libros, modelo para el mundo libre, faro refulgente que orienta a las naves de los Estados que acaban de salir de las dictaduras. Me refiero a las transiciones de andar por casa. Por esta casa por la que no se puede andar dos años seguidos sin que tengamos que hacer una transición de algo. Si España hizo de libro la transición de la dictadura a la democracia, más de libro todavía hizo la transición al centro-derecha tras la ansiada "pasada por la izquierda". Se hizo luego la transición en el PSOE, hasta el punto que Guerra, con su máquina de insultar, parecía el otro día una figura salida del museo de cera. Ahora, y también de libro, Aznar se ha hecho la transición de sí mismo. Las Cortes franquistas se hicieron el harakiri de la Reforma Política porque a la fuerza ahorcan, pero Aznar se ha hecho la transición porque tiene algo absolutamente insólito en política: palabra. Si en pleno fregado del chapapote, el decretazo y la guerra de Irak parecía que estaban aplicando ce por be el libro de autoayuda "Cómo tirar por la borda una mayoría absoluta", ahora han seguido fielmente el manual "Cómo bordar una transición voluntaria". Por una vez, han sabido vender lo que hacen. La gente hace cola en la tienda de automóviles de ocasión del poder, para comprar un coche de segunda mano a Rajoy. Lo han hecho de libro en los tiempos, en los modos, en las formas. Contra lo habitual, no han ido de carajotes. En menos de horas veinticuatro Rajoy ha dejado de ser El Sucesor para eso tan difícil del clásico, "sé tú mismo". Un señor serio, efectivo, tranquilo, con un dominio prodigioso de la palabra para decir lo que quiere y como quiere. Un bicho raro. Tan raro, que le dicen como elogio que parece inglés. ¿Tan mal concepto tenemos de nosotros mismos los españoles? Por lo visto creemos que quienes se merecen un candidato así son los ingleses. El prodigado elogio británico de Rajoy me recuerda al grito de los béticos: "Ole mi Betis güeno, que no nos lo merecemos". A su múltiple militancia balompédica, Rajoy debe, pues, añadir urgentemente la de bético: "Óle mi Rajoy güeno, que no nos lo merecemos".

Fotografía de Antonio Burgos

Antonio Burgos

Columnista del diario ABC

Andaluz, sevillano y del Betis

** Este artículo está publicado en el periódico ABC y posteriormente recogido de AntonioBurgos.com por gentileza del autor