ANÁLISIS DE ESPAÑA
Salvados por Aguirre
Por Alejandro Requeijo
3 min
España15-02-2016
Convendría conocer lo hablado estos días entre Aguirre y su ex gerente Beltrán Gutiérrez antes de elevar su dimisión preventiva a un nuevo capítulo de Juego de Tronos, con Rajoy en el papel de víctima propiciatoria de este último movimiento de la 'lideresa'. Aunque es cierto que si alguien hubiese quitado el sonido al televisor durante su rueda de prensa, dificilmente habría imaginado que lo que estaba anunciando era una renuncia. Sus gestos tenían poco que ver con los de una política arrepentida, avergonzada, acorralada. Y escuchar su explicación tampoco aclara mucho su dimisión. O al menos por qué ahora y no antes. Alega la corrupción conocida esta semana, pero advierte de que aún está por ver que sea cierto todo eso que dicen. Teniendo en cuenta que es la tercera vez que la Guardia Civil se presenta en su sede, se puede concluir entonces que Aguirre no dimite por el hecho en sí, sino porque esta vez ha trascendido. “La gente quiere gestos”, argumenta y eso sí que es noticia en una trayectoria política cimentada en ponerse el mundo por montera. Nada menos que descubrir a estas alturas que ni siquiera Aguirre es inmune a algo tan humano como el miedo a la portada de mañana.
Ella también acaba participando de esta nueva política mediatizada en la que la petición de dimisiones ocupa espacio propio en la escaleta, hasta el punto de desnaturalizar su efecto de contrición. Por eso, es difícil ver una defenestración política en lo que tan sólo es una dimisión a medias. Además, el ocaso político de Aguirre no vino de la mano de ningún requerimiento judicial, sino de las urnas. Pasó a engordar la nómina de políticos amortizados cuando aceptó volver para acabar perdiendo contra Carmena. Ni siquiera las últimas polémicas en el Ayuntamiento le han despertado de su requiem por un liderazgo que ya no es. Pero que nadie la espere languideciendo en un escaño de Bruselas, eso es justo reconocérselo. Apeló Aguirre a su vocación probritánica, ella que cuando se mira al espejo ve a Tatcher, o acaso a Churchill. Lo que no entendió es que en la España de nuestros días, cuando llaman a la puerta, además del lechero también puede ser la UCO. Y no sólo no deja de ser democracia, sino que la refuerza frente al discurso populista. Ella que despertaba cada mañana preparada para guiar a su país a una victoria en Las Malvinas no supo ver que los enemigos de hoy no pilotan bombarderos nazis, sino que portan maletines con comisiones en metálico. Pero a ella los negocios de sus subordinados siempre le parecieron algo tan menor como hacer oposición en un Pleno municipal.
Mientras el aguante de Rajoy les resiste a todos, tanto a estrechos colaboradores a los que quería “¡un huevo, coño!” o enemigos íntimos como la propia Aguirre. “Te entiendo”, dice que le contestó el presidente. De nada le hubiese servido intentar disuadirla. Pero eso es muy distinto a que se esté pensando tomar el mismo camino. Rajoy se ha visto en otras peores (“Luis se fuerte”) y su final tampoco llegará por aquí, abandonad toda esperanza. Llegará el día que Sánchez e Iglesias le manden a la oposición. Y aún así está por ver que los suyos se atrevan a botarle. Si eso pasa, Aguirre, que se arrogó a sí misma nada menos que el mérito de haber destapado la Gürtel, no dudará en reivindicarse entonces como la que forzó con su sacrificio la salida de Rajoy. Y así habrá salvado al PP, a España y habrá vuelto a vencer en Las Malvinas mientras Granados seguirá en la cárcel.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio