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ANÁLISIS DE ESPAÑA

Kabul

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España14-12-2015

De nuevo España volvió a ser objeto de un atentado terrorista islamista y los españoles hemos dejado pasar la oportunidad de imitar la reacción francesa, tan elogiada hace ahora justo un mes. Ni siquiera los crespones negros han abundado en las redes sociales estos días como cuando la matanza de París, aunque algo más que cuando la matanza en Mali, sólo una semana después. Bien es cierto que tampoco se ha llegado al punto de concentrarse ante la sede de ningún partido para preguntar quién ha sido. Se puede concluir por tanto que a la sociedad española le interesa poco el origen del vínculo entre los talibán y los Haqqani a los que algunas fuentes dan como autores directos del ataque a la embajada. Esta vez el término medio entre salir a cantar la Marsellesa y correr a pasarle la factura a los políticos estuvo en preguntarse por el objetivo real de los terroristas o las medidas de seguridad de la embajada. Pero por encima de todo planeaban las dudas en torno a la política de comunicación del Gobierno ante una desgracia en plena campaña electoral.

La espera no parece que sea una opción en estos tiempos en los que la ausencia de información rápidamente se interpreta desde la desconfianza. Y eso es una reflexión que nos incumbe a todos, más allá de que el precedente de la gestión comunicativa del 11M sea un recuerdo aún demasiado presente que nos visita siempre ante tragedias especialmente sensibles. Rajoy se precipitó al zanjar la cuestión como un susto cuando aún quedaban ocho horas de asalto a la embajada. Dicho lo cual, los errores de comunicación parece que encajan más en las dificultades de saber con exactitud lo qué estaba pasando en esos primeros momentos que a un intento premeditado de suavizarnos la cruda realidad que supone estar presentes en un país en guerra como Afganistán. Ellos, que tanto criticaron los tiempos de Gobierno socialista en los que nos hacían creer que nuestros soldados estaban allí repartiendo caramelos para ahorrarnos el trago de asumir que en las guerras se mata o te matan. Hubiese tenido complicado Rajoy ocultar no ya dos víctimas mortales, sino la realidad de una embajada seriamente dañada, por mucho que hubiese un comunicado talibán en el que sólo se hablaba de una casa de huéspedes.

Independientemente de cuál fuera el objetivo inicial de los terroristas, lo cierto es que la embajada fue asaltada y es procedente preguntarse si España está sometida ahora a una amenaza específica distinta. Parece que no y en cualquier caso eso no cambiaría mucho el nivel de riesgo que ya de por si existe, tanto aquí como allí. Conviene no olvidar que cuando estos terroristas piensan en España no es el gol de Iniesta precisamente lo que se les viene a la cabeza.

La embajada española no está situada en la llamada green zone (más segura) como lo están otras y demostrado queda que su entrada no resiste la explosión de un coche bomba. Pero también es cierto que la existencia de búnkeres de seguridad en sus instalaciones salvó la vida a la mayoría del personal durante las casi 12 horas que duró el asedio. Ha muerto un subinspector al que no le dio tiempo a llegar y otro policía que salió en su búsqueda, según las primeras hipótesis. La seguridad total no existe y menos en un lugar como ese. “Mi hermano sabía dónde iba”, relataba por teléfono horas antes de escribir estas líneas Rafael García Tudela, hermano de una de las víctimas, que ha escrito una carta pidiendo que no se use la memoria de su ser querido con fines electoralistas. Parece que así va a ser y que los mítines de campaña seguirán girando en torno a otras cuestiones. Pero esta nueva desgracia deja algunos amagos que impiden despejar del todo las dudas sobre cuál hubiese sido el comportamiento de unos y otros si la tragedia hubiese sido mayor y a menos kilómetros de distancia. Es decir, si nos hubiésemos parecido más a Francia o a nosotros mismos.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio