ANÁLISIS DE SOCIEDAD
Se pasa el arroz
Por Almudena Hernández
3 min
Sociedad04-11-2015
En España hay una ley no escrita de meterse en la vida de los demás, aunque no se tenga una confianza supina con el contrario, y si uno está en edad de merecer se convierte en blanco de un cuestionario propio de las revistas de papel couché. Que si tienes novio o novia. Cuando lo tienes, que si te vas a casar. Cuando te casas, que si vas a tener un niño, que se pasa el arroz. Cuando aparece el churumbel, que si hay que animarse a ir a por la parejita... y así.
Y todo esto ocurre mientras se capea una crisis económica como bien se puede y se cumple con el deber profesional, que en los ámbitos románticos de la vocación quizás resulte más complicado. Y ahí están los resultados. En España, este bendito país donde la juerga y el parné también tienen su peso (ahí está la explicación de que cosas como Halloween haya calado tanto), la media de hijo por mujer en edad fértil es de niño y un poco, proporción que los demógrafos aplauden tras la valiosa contribución de la población inmigrante en los últimos lustros.
Pero no es suficiente. España envejece y el sistema de bienestar social va a caer por su propio peso. Los niños no vienen ni de París ni de ninguna parte y las políticas familiares brillan por su ausencia a pesar de esa cultura cotilla y pro prole que queda en el subconsciente patrio. En todo caso, de venir, los niños llegan de China, como han podido comprobar decenas de parejas españolas que adoptaron una niña asiática para alegrar su hogar. Aunque ahora va a ser más complicado.
El Partido Comunista Chino prohibió tener más de un descendiente a las parejas en los últimos 36 años. En ese tiempo han dejado de nacer 400 millones de personas chinas. Sin embargo, la medida que pretendía fomentar el consumo interno y frenar los gastos, también ha provocado una catástrofe: la de los abortos cuando el bebé era niña (en algunos casos se permitía un segundo hijo si el primero era varón), infanticidios y abandonos. Así se explica que muchas de estas crías acaben al calor de hogares occidentales.
Ahora China levanta la mano porque también necesita otras para mantener a sus abuelos. Pero la cultura del hijo único no llega a su fin. Los expertos creen que, a pesar del levantamiento de la prohibición de tener más de un descendiente, muchas parejas no se animarán, contagiadas por los cálculos materialistas, pues no pueden mantener otra boca. Así que tendrán que seguir aguantando las preguntas indiscretas de una presión social que es mucho mayor que en España. Nacer mujer en China aún es una carga: la familia tendrá que pagar la dote y ella se ocupará de cuidar a sus suegros cuando sean mayores antes que a sus propios padres, sí, esos adorables ancianos que seguramente se meten en la vida de los demás porque creen que se les pasa el arroz. Y lo que pasa es el efecto mariposa, un leve aleteo de mariposa en China puede ser un huracán en España.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo