SIN CONCESIONES
La caída de PPodemos
Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión08-05-2015
Pocas cosas unen más que un adversario poderoso. Sucede en casi todos los ámbitos de la vida. El temor al enemigo con frecuencia alienta a los propios, incluso por encima del contrario. Aunque el miedo esté asociado al fracaso, en ocasiones es el aliado más seguro para alcanzar la victoria. La política española ofrece buenos ejemplos... Ahí está la reelección de Felipe González en 1993, en medio de los escándalos de corrupción del PSOE, frente al auge de José María Aznar. También destaca la inesperada mayoría absoluta del PP en el año 2000 frente a la pinza de izquierdas de Joaquín Almunia y Julio Anguita. Más reciente es el éxito del PSC en Cataluña en 2008 agitando el fantasma de Zaplana y Acebes con el lema Si tú no vas, ellos vuelven. Nada mejor que alimentar un pánico controlado para tratar de controlar el voto.
Con esta regla del tacticismo político, desde el pasado otoño parecía claro que el Partido Popular manejaba una sencilla ecuación para continuar otros cuatro años al frente de La Moncloa. Los recortes económicos y la insensibilidad social quedaban compensados con una idea que se resume en cinco palabras: A más Podemos, más Rajoy. Cuanto mayor fuera el crecimiento de la nueva formación política, mayor sería el respaldo al actual presidente del Gobierno. La tesis resulta tan simple como que miles de votantes del PP desencantados con Rajoy estaban dispuestos a votarle con la nariz tapada con tal de evitar que Podemos tomara el control de las instituciones. Frente a la división de la izquierda, la estrategia del miedo a la coleta podía concitar una amplia mayoría en el centroderecha que regalase un nuevo éxito electoral a la gaviota.
La repentina aparición de Ciudadanos ha hecho añicos ese plan, pues está debilitando a Podemos y a la vez está chupando votos a la derecha como una sanguijuela. Con Albert Rivera como competencia, el PP tiene la difícil tarea de retener a su electorado tradicional, de reconciliarse contrarreloj con sus simpatizantes a la fuga y de presentarse como una opción mejor que la de Naranjito. Seis meses para recuperar la confianza perdida durante tres años y medio de gestión en beneficio de los ciudadanos, pero de espaldas a los ciudadanos. ¡Casi nada! Y encima con un candidato de 60 años, canoso, de barba desarreglada y poco locuaz frente a otro joven con 35 primaveras, buen aspecto y mucha labia. La batalla, al menos en las formas, se antoja muy desigual.
El problema puede ser aún más grave para Rajoy si el enemigo declarado con efecto movilizante cae en barrena. Sin adversario fuerte, la estrategia de alentar el temor entre los propios conduce al fracaso. Podemos parecía durante meses el gran adversario a batir por PP y PSOE pero las encuestas más recientes ponen de manifiesto que el globo se ha hinchado demasiado rápido y ahora se está pinchando. La dimisión de Juan Carlos Monedero del partido que él mismo fundó es otro síntoma, aunque sólo confirma las disputas internas por el control que existen en la organización al más puro estilo de la casta de toda la vida. A menos Podemos la ecuación vaticina a su vez menos Rajoy, pues la táctica del miedo pierde sustento. A menos Podemos el PSOE de Pedro Sánchez tiene una oportunidad de oro para reivindicarse y consolidarse como la referencia de la izquierda que dejó de ser por culpa de Zapatero. En resumen, cuanto menos Podemos seguramente haya más PSOE y cuanto más Ciudadanos es posible que haya menos PP.
Así que mucho ojo en los próximos meses con la tendencia. El terreno despejado que Mariano Rajoy tenía ante las elecciones generales puede esconder una trampa. Si Ciudadanos le sigue robando apoyos y Podemos continúa cayendo, hasta el PSOE de Pedro Sánchez podría ser una alternativa.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito