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ANÁLISIS DE ESPAÑA

El asalto de Podemos

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España20-10-2014

La corrupción no es de derechas ni de izquierdas y la lucha contra esta lacra tampoco lo será. La gente ya no busca referentes ideológicos, sino referentes de honradez y en eso los partidos inéditos en la cosa de gobernar y gestionar el dinero público parten con una evidente ventaja. El mejor colocado para capitalizar ese descontento hoy es Podemos porque se le percibe un discurso de verdadero desafío hacía el poder establecido. Ese que no entendía de siglas a la hora de compartir comilonas con tarjetas opacas. Pablo Iglesias no engancha a la gente porque cite a Marx, sino porque se percibe el nerviosismo que genera su discurso entre lo que él llama casta. Y hay mucha gente con ganas de ajustar cuentas a la que no le hace falta dormir con una foto de Fidel Castro en la mesilla para engancharse a la revancha que propone Podemos. “El cielo no se toma por consenso, se toma por asalto”. La frase de Pablo Iglesias es la clásica frase mitinera que suelta un líder cuando se da un baño de masas como el que se dio él en Vistalegre. Pero la prueba de que Podemos no va a asaltar mañana el Palacio de Invierno es que todo lo que ha hecho hasta ahora es valerse del sistema y las reglas que permite el juego democrático para integrar su discursos antisistema. El problema no es que cite a Marx, insisto. El problema es su ya declarada nula vocación al consenso para un partido cuya propuesta central pasa por un nuevo proceso constituyente. Una nueva Constitución. Mucho ha cambiado España en los últimos diez años cuando un presidente como Zapatero ganó unas elecciones prometiendo precisamente talante y diálogo, ¿recuerdan? Muchas cosas han cambiado, es cierto. Quizá algún día Podemos llegue a Gobernar. Ese día seguramente el PSOE ya se habrá desplomado del todo. Pero aún así difícilmente Podemos tendrá el apoyo necesario de las urnas para hacer una Constitución con un nivel de consenso como la actual, con todas las imperfecciones que el paso del tiempo se ha encargado de evidenciar. Frente a eso Podemos no propone reformar, sino derribo directamente. Y su nula vocación de consenso es una peligrosa carta de presentación para construir algo nuevo en un país acostumbrado a gorrazos por culpa precisamente de constituciones de partido. Ahí está la Historia para quien quiera estudiarla y compararla. Los últimos 40 años tras la Carta Magna de 1975 son una alegre excepción de convivencia. Pero no. No es el discurso del miedo lo que va a frenar a Podemos. No cuando hay mucha gente a la que ya no le queda nada. A la que la crisis se lo ha quitado todo. A quien ya no tiene nada que perder. A quien el futuro sólo le ofrece precariedad. Esa es la centralidad a la que aspira Podemos, que no es una centralidad ideológica basada en derechas o izquierdas a la que convencer cantando la Internacional. Es una centralidad basada en una mayoría de damnificados por la política actual. Una mayoría que se nutre de parados, estafados por las preferentes, mileuristas, desahuciados, jóvenes que no pueden pagar la universidad, pensionistas... gente, mucha gente que ya no ve diferencias entre las promesas incumplidas del PSOE y las del PP.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio