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ANÁLISIS DE CULTURA

Campo de batalla

Fotografía

Por Marta G. BrunoTiempo de lectura2 min
Cultura08-10-2014

El riesgo está tan cerca de la muerte como cercano a la gloria. El valor de un médico que viaja hasta los lugares más remotos para ayudar a los demás, mientras cientos de cavernícolas braman desde sus casas porque creen tener la razón aunque no la huelan. Y mientras aquí el cuco del reloj sale cada hora, centenares de microbiólogos resurgen debajo de las piedras aunque no sepan el significado de la palabra, porque se han hecho expertos en eso de un día. Y los animalistas defienden la vida de un perro que, sin reprochar el amor indisoluble de un matrimonio hacia su can, dejan de lado la existencia de la propia enferma. Del resto de enfermos. Una barrera que supera los 3.000. Y en el campo de batalla quedan muchas almas silentes que día a día ayudan sin ser vistos, porque están dedicados a las personas y no a las televisiones. Y no todos son blancos, también los hay negros. Negros que se quedaron allí porque no los quisimos repatriar. Ahora su sangre es tan valiosa porque salva la vida de otra que puso su grano de arena. Pero ahora la reclaman al igual que en el pasado la ignoraron. Qué injusta es la vida y que egoísta es el ser humano. La enfermedad hace creyente al que no lo es, solidariza al más tirano. Pero a veces es solo fachada. Ocurre con las campañas donde los famosos se tiran cubos llenos de agua, donde cabe preguntarse si todos sabían de lo que estaban hablando, o si de verdad pretendían poner su cara más solidaria “porque sí”. Y ahora, cuando la enfermedad llama a nuestras puertas, nos preocupamos de los sistemas de contagio, de tratamientos. Pero nadie habla de las 121 muertes en Sierra Leona en un solo día, un trágico récord que pasa demasiado lejos. Epidemias que cuando se acercan queman y conflictos que pasan de la página 40 a portada si un mono naranja brilla delante del árido y amplio desierto. Sólo los que lo viven saben expresar la letra pequeña de lo que los civiles sufren cada día. Unos minutos con periodistas a los que la piel todavía les huele a sangre derramada son más valiosos que diez artículos sobre lo que está ocurriendo en Siria. Un testimonio de un afectado que ha tenido que huir de su país natal porque el Estado Islámico le amenaza con el negro azabache de su bandera. Y mucha gente sentada en su sillón analizando si el gesto de las víctimas era más o menos sosegado. Fácil es hablar, difícil comprender, y casi imposible ponerse en el lugar del otro. La empatía solo se vende en las mejores tiendas. En ellas el riesgo está tan cerca de la muerte como cercano a la gloria.

Fotografía de Marta G. Bruno

Marta G. Bruno

Directora de Cultura de LaSemana.es

Licenciada en Periodismo

Estudio Ciencias Políticas

Trabajo en 13TV

Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press