ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
A los de Hong Kong les ha tocado la china
Por Isaac Á. Calvo
2 min
Internacional06-10-2014
A los manifestantes de Hong Kong que piden más democracia les ha tocado la china. Pero la China, con mayúsculas. Es cierto que las concentraciones para protestar por el nuevo sistema de elección de candidatos impuesto por Pekín están siendo muy numerosas. Sin embargo, también lo es que se enfrentan a un hueso muy duro de roer, que no durará en actuar de la manera que estime oportuna con tal de mantener el control político y social. Quizá sea precipitado afirmarlo, pero los manifestantes no van a lograr todos sus objetivos. Es posible que con otro adversario lo consiguieran, pero con China, no. Pekín sabe manejar este tipo de problemas y tiene la experiencia de Tiananmen, cuando en 1989 reprimió brutalmente a los universitarios que pedían una apertura democrática. Las decenas de asesinatos de entonces (no se sabe la cifra exacta) es un hecho que el poder chino evita repetir, aunque se considere una solución factible, porque daña su imagen. Un daño a la imagen china que quedaría más patente todavía en un territorio como Hong Kong, que estuvo 99 años bajo soberanía del imperio británico, hasta 1997. Algo que se nota y que hace que existan algunas diferencias entre los hongkoneses y los chinos, que van más allá de tener distinta moneda e idioma. En Hong Kong hay un mayor nivel de vida y un control menos férreo por parte de las autoridades locales, aunque sea Pekín quien tenga la última palabra. Cualquier suceso relacionado con China tiene una gran repercusión internacional. El Ejecutivo chino lo sabe e intenta dosificar y manipular la información según sus intereses, tanto externos como internos, porque tampoco quiere que se prenda la mecha del nacionalismo en otras regiones chinas. De momento, Pekín está delegando la gestión de la crisis al Gobierno local hongkonés y se mantiene en un segundo plano a la espera de acontecimientos. Un segundo plano que no significa estar inactivo, porque puede adoctrinar a sus partidarios para que se enfrenten civilmente con los manifestantes, mientras la Policía mira para otro lado. Ocurra lo que ocurra, este es el típico problema en el que la comunidad internacional se pone de perfil. Evidentemente, prefiere una solución pactada donde manifestantes hongkoneses y gobierno chino cedan en alguna de sus posiciones. Sin embargo, si esto no ocurriera y Pekín usara la fuerza de manera contundente, Occidente protestaría pero adoptaría medidas más simbólicas que efectivas. En resumen, la comunidad internacional va a hacer poco porque China es una gran potencia, no solo por tener armas nucleares, sino también porque es un gigante comercial. Las sanciones serían contraproducentes y acabarían teniendo consecuencias negativas sobre el que las impone.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD