ANÁLISIS DE SOCIEDAD
Los héroes de Ciudad Lineal
Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad01-10-2014
En Madrid, en el barrio de Ciudad Lineal, muchos niños quieren ser policías. Sólo hay que verlos cómo se acercan a los agentes que desde hace unos meses patrullan de forma más habitual y numerosa esas calles. Las barbaridades que ha protagonizado un delincuente sexual con varias niñas que viven en la zona hicieron cundir el pánico. Por eso los agentes se convirtieron en ángeles de la guarda uniformados de los juegos infantiles. Hacían sonar las sirenas de sus vehículos en las puertas de los colegios ante el insistente reclamo de una multitud de bajitos y sus monturas (con dos ruedas o cuatro patas) apenas avanzaban bajo los árboles de las zonas verdes. La curiosidad de los niños, más que nunca vigilados por sus adultos de confianza, les obligaba a parar. Encarnan para ellos algo así como héroes cercanos, como esos que ven en las películas y videojuegos y a los que, a pesar de tanta tecnología, no pueden tocar. Otros, sin uniforme, también han trabajado en el barrio para dar caza al pederasta, lejos del furor infantil y la carrera indiscriminada de la prensa por dar la primera noticia (el comportamiento irresponsable de algunos colegas es para hacérselo mirar, por cierto). A veces, es verdad, la policía española se asemeja a esos personajes de la loca academia que, pese a lo previsible, acaban cogiendo a los malos. Y así ha sido. Como la realidad muchas veces supera a la ficción algunos errores de bulto han dificultado que se detuviera antes a este presunto monstruo. Por ejemplo, en los archivos policiales faltaban datos claves sobre los delitos anteriores que había cometido. Esas informaciones habrían acelerado su detención y, quizás, habrían evitado que el sujeto hubiese causado más dolor. Pero los niños siempre ven las cosas sin ese velo de suspicacia que muchas veces colocamos los mayores a las cosas. Y en Ciudad Lineal los polis son los superhéroes favoritos a los que quieren parecerse de mayores. Lo malo es que, según está la Justicia, en pocos años podrá estar por estas calles el lobo feroz del cuento de esta Caperucita madrileña y contemporánea. Siempre hay políticos que dicen aquello de “no hay que legislar en caliente”, pero mirar para otro lado es acabar de un plumazo con la efectividad del trabajo de estos héroes uniformados. ¿Para qué tanto y tan minucioso trabajo? Y, sobre todo, ¿la democracia no está para proteger a los más débiles a través de sus múltiples herramientas? Por eso, no es de extrañar que estos pequeños bajitos, cuando crezcan, tengan la idea de que los policías que conocieron de críos eran simplemente señores disfrazados que no pudieron evitar las dentelladas de las fieras. Porque los malos, en los cuentos y en las calles, siguen existiendo.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo