SIN CONCESIONES
Los peligros de Pedro Sánchez
Por Pablo A. Iglesias
4 min
Opinión14-07-2014
Ganar no siempre es vencer. Vencer no implica triunfar. Y triunfar sólo triunfan los elegidos para la gloria. El PSOE tiene un nuevo secretario general elegido, por primera vez, con el voto directo de la militancia. Pedro Sánchez asumirá el mando dentro de dos semanas, en el congreso federal convocado por Alfredo Pérez Rubalcaba para ceder el testigo a un nuevo responsable. Sin embargo, el joven dirigente puede y debe empezar a tomar decisiones desde ya mismo. Puede y debe comenzar a marcar el rumbo que quiere para el partido político más importante en los últimos cien años de la Historia de España. Puede y debe despejar incógnitas y aclarar sus propósitos, porque la campaña entre los tres candidatos ha servido para recorrer muchos kilómetros pero poner pocas ideas sobre la mesa. Ahora es cuando realmente inicia el camino quien tiene el encargo de liderar el PSOE durante los próximos años y emprende ese trayecto con dos retos fundamentales. El primer propósito de cualquier nuevo jefe pasa por consolidar su capacidad de mando. Aún recuerdo cuando en 2007 me encargaron dirigir un equipo de personas. Entonces tenía un superior que siempre me aconsejaba "mandar mucho". "Tú manda mucho", repetía una y otra vez. Sin embargo, ya por entonces tenía asimilado que por mucho mandar la gente no hace más caso ni las cosas salen mejor. Más importante que mandar es liderar. Aquí es donde realmente reside la clave de los proyectos triunfadores, esos que sobreviven y perduran en las victorias pero también en las derrotas. El principal reto de Pedro Sánchez es convertirse en un referente interno en el PSOE, porque de puertas para fuera lo es desde el mismo momento en que ha ganado gracias al voto de los afiliados. Para conseguirlo debe demostrar la solidez que aparenta, convencer con hechos y no sólo con palabras, marcar un rumbo nítido con aspiraciones de grandeza, aglutinar a una mayoría superior a la que le ha votado y, por supuesto, construir un equipo de calidad y representativo. El segundo propósito de Pedro Sánchez es aún más complicado. Si para el viejo líder de IU Julio Anguita lo importante en unas elecciones era el "programa, programa, programa", para el nuevo referente del PSOE la obsesión debe ser el proyecto. El reto es sumamente complicado con la herencia que recibe, pero al mismo tiempo muy sencillo. Basta con que no repita los errores capitales de José Luis Rodríguez Zapatero: ambigüedad, populismo, ignorancia, demagogia, mesianismo e irresponsabilidad. El joven socialista madrileño debe recomponer un partido histórico tras los daños causados por un tifón de zapaterismo que duró once años. Sánchez no es Zapatero, aunque algunos los comparen por juventud y falta de notoriedad al alcanzar el control del partido. Pero las presiones de los sectores encumbrados por Zapatero y el nuevo escenario político español pueden empujarle a una deriva tan peligrosa como la de su antecesor. De los propósitos a los riesgos, que también son dos. El primero procede de dentro, de las propias entrañas del PSOE y quienes tratan de dominarlas sin tener mando ni plaza en la sede federal de la calle Ferraz. La primera amenaza para Pedro Sánchez llega entre sus propios compañeros, especialmente compañeras. La andaluza Susana Díaz, que ha respaldado su candidatura, puede tener la tentación de arrebatarle la silla cuando se aproximen las elecciones generales. Eso sin perder de vista a la catalana Carme Chacón, de ambiciones tan desmedidas como sus frecuentes errores. El segundo riesgo para Pedro Sánchez llega desde la izquierda, tan crecida como radicalizada después de los recientes éxitos de Podemos e Izquierda Unida. Muchos de los votantes tradicionales del PSOE ahora prefieren otras siglas. Si no invierte la sangría, el nuevo secretario general tendrá sus días contados y el partido caerá en un pozo destructivo. El dilema es gigantesco. Hay que edificar un liderazgo, garantizar la unidad, construir un proyecto sólido, generar ilusión en las bases y recuperar la confianza de los votantes. ¿Por dónde empezar? ¿Qué es más importante? Todo al mismo tiempo y ningún elemento por separado. Nada es fácil y nadie dijo que lo fuera. Ganar unas elecciones internas al final es lo más sencillo. Lo realmente complejo llega a partir de ahora. Porque más difícil que convertirse en el número uno de una organización es mantenerse al frente de ella y cosechar grandes éxitos.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito