ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
La maldita fórmula de acción-reacción
Por Isaac Á. Calvo
2 min
Internacional15-07-2014
La maldita fórmula de acción-reacción regresa a Oriente Próximo. Un hecho que se repite cada cierto tiempo y siempre de forma cruenta. En una región tan sensible como esa, donde el conflicto está latente desde hace décadas, cualquier circunstancia puede desencadenar un enfrentamiento armado. Y este, como todos, acarrea muerte, heridos, destrucción, miedo y más odio. El último gran encontronazo entre Israel y Hamas (que gobierna en Gaza y está considerado como grupo terrorista por las principales potencias occidentales) se ha desencadenado porque islamistas palestinos secuestraron y asesinaron a tres jóvenes israelíes. El Gobierno de Israel acusó desde el primer momento a Hamas y, una vez hallados los cadáveres de los cautivos, dio la orden de iniciar una operación de castigo. Algo que caracteriza a Israel en estas situaciones es que le cuesta usar la fuerza de forma proporcional a la amenaza que recibe. Es verdad que es un Estado obsesionado con garantizar su seguridad y la de su pueblo, y razones para ello no le faltan. Sin embargo, el uso desmesurado de su potencial militar hace que produzcan asesinatos de civiles en los injustamente llamados daños colaterales, y que gran parte de la opinión pública internacional vea a los israelíes como criminales mientras que a los palestinos de Hamas se les considera víctimas. Sin embargo, como siempre sucede en estas situaciones, ni Israel es tan malo ni Hamas es tan bueno, y viceversa. Por ejemplo, los islamistas están lanzando cientos de cohetes (cada vez menos rudimentarios) contra las principales ciudades israelíes, en un claro intento de dañar a la población civil. De momento, la mayoría de los proyectiles han sido interceptados y no han sido mortíferos. Los acontecimientos se precipitan y, como viene ocurriendo desde hace décadas, el conflicto se va a recrudecer, habrá muertos y destrucción, hasta que se imponga un frágil alto el fuego que devuelva la rutina diaria a ambas partes. Una situación que se mantendrá hasta que algún hecho reactive el conflicto y regrese la maldita fórmula de acción-reacción.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD