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SIN ESPINAS

Destinados a la gloria

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura2 min
Opinión12-05-2002

¿La Iglesia es un poder? La de hoy no; por bien entendida y, gracias a Dios, por bien concebida. La otra noche discutía con mis amigos sobre el concepto de poder. Y en mis reflexiones hallé una realidad. La Iglesia de hoy trasmite fuerzas a cada uno de sus fieles. Sin embargo, lo que tiene la Iglesia no es poder tal y cómo hoy se entiende este concepto. Ahora son otros los que sueñan o se despiertan sudorosos a media noche, obsesionados con conspiraciones judeomasónicas. ¡Que curioso! Cómo cambian los tiempos. Pero no, lo que cambia es el hombre. El hombre bueno entiende cada vez más. Vamos irrenunciablemente hacia adelante. Y en esa orientación natural al futuro sólo cabe escrutar horizontes, escudriñar corazones. En definitiva, conocer -todos y cada uno de nosotros- las aspiraciones del Espíritu. ¿Me explico? Ese es el poder de la Iglesia que otros, individual o en grupo, pero siempre inconscientemente y desde la ignorancia, tratan de minar. De volar por los aires. No creo que el hombre sea como una pelota que rebota y rebota contra la pared de un lado y después de otro a lo largo de su historia. La historia de la divina Iglesia de los hombres es larga y controvertida. Como el hombre. Pero la FE no es nunca una justificación para vivir de una manera. Es un don de Dios. Muchos, sin embargo, justifican su manera de vivir en su falta de FE. Por eso, los errores de los que representan la FE resultan su mayor afirmación. Explican con convencimiento el porqué de su falta de convencimiento. Pero la FE no justifica nada. No tiene que justificar nada. ¿Por qué la falta de FE si lo hace para muchos? Si no entendemos nuestra naturaleza no sabremos superarla. Es lo más fructífero de estos escándalos que sólo querrían ocultar o publicar desaforadamente quienes no se conocen a sí mismos. O quienes se mienten demostrándose su falta de estima.

Fotografía de Javier de la Rosa