CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR
Democracia y verdad
Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión12-05-2002
“La democracia está por encima de la verdad”, dijo José Luis Rodríguez Zapatero en el acto de presentación de un libro la pasada semana. Quizá se le escapó, alterado como estaba por las declaraciones de un Felipe González locuaz y sentado en la misma mesa. El mayor emblema vivo del socialismo español le espetó al actual secretario general del PSOE que carece de proyecto y de ideas. Un hombre que defiende una lógica de organización sin sostenerla en la verdad, sino en su propia visión del mundo que no interroga -pregunta por la verdad-, al mundo -“tú mismo con tu mecanismo”, que diría un castizo-, no debería extrañarse de que alguien, aun de su propio partido, le diga que carece de un proyecto real. Zapatero pretende afirmar una lógica de la organización política prescindiendo del pilar de cualquier afirmación: su relación con la verdad. No es nuevo: Aristóteles acusaba a quienes hacían eso mismo de pervertir la democracia convirtiéndola en demagogia. Es esta demagogia la que explica cómo un senador socialista se jactara hace unos días en el pleno y ante los representantes del pueblo de comprar discos piratas. Gran argumento para rechazar la propuesta popular de una ley contra la piratería. La misma demagogia en su lógica sin verdad desvela cálculos como que merece la pena matar a un líder de la ultraderecha holandesa para evitar que mueran y se conviertan en abrigos varios centenares de animalitos. En la fría lógica del dato sin verdad, queda bien justificado. También la demagogia explica que dirigentes de Batasuna insulten a populares y que el supuesto moderador de la Cámara lo permita durante 10 minutos y luego prohíba que queden reflejados en el acta oficial. Lo bueno de los idealistas, de esos como Hegel o Marx que se construyen en la cabeza un mundo ideal que jamás puede aplicarse a la realidad -pues se construye de espaldas a ella-, es que su lógica argumental suele estar muy bien trabajada. Carecen de errores lógicos, son buenos dialécticos y tienen una visión total del mundo. Pero esto tampoco le pasa a Zapatero. No sólo expone sus ideas sin mirar a la realidad y atendiendo sólo a la demagogia -aunque él la llame democracia-, sino porque ni siquiera sus balbucientes consideraciones tienen relación y coherencia entre sí. No ya porque tenga -como defiende felizmente-, un sistema de ideas que no responden a la verdad, sino porque, como le dicen en su propio partido, no tiene sistema de ideas.