IMPRESIONES
La verdad y Flotats
Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión20-11-2012
La Verdad: de las ventajas de callarla a los inconvenientes de decirla. Así se titula la obra de Florian Zeller que Josep María Flotats dirige y protagoniza en el Teatro Cofidis Alcázar de Madrid. Estará en cartelera hasta el 30 de diciembre, y aunque el contenido de la pieza es prescindible y la reflexión de fondo, bastante ligerita, los amantes del teatro y la comedia disfrutarán de ella. La interpretación de Flotats es memorable y la de María Adánez, deliciosa. También denota oficio el haber tejido con brillantez un enredo típico de la comedia clásica en siete ágiles escenas parecidas a los sketch televisivos. La tesis de la obra queda meridianamente clara en el subtítulo, no fuera a ser que el espectador tenga que pensar demasiado o pueda salir con una idea equivocada: “De las ventajas de callarla [la verdad] a los inconvenientes de decirla”. Vamos, que es mejor vivir en la mentira. Y que es mejor proteger de la verdad a las personas que queremos. Incluso, a nosotros mismos. Lo ideal parece ser creernos nuestras propias mentiras. Sin embargo, la obra necesita del aparecer de la conciencia y la moralidad humana para manifestarse como auténtico teatro. Si es comedia y es risible lo es, precisamente, porque el comportamiento de los personajes contrasta radicalmente con el ideal soñado por ellos mismos. La obra se tornaría trágica si los personajes trataran de estar a la altura de sus ideales. Como los personajes resultan ciegos a su propia mediocridad, tan patente a los espectadores, todo se torna cómico. La cuestión radical, de fondo, es si la fidelidad conyugal es posible. Laura (Kira Miró), esposa del protagonista (José María Flotats), considera “iluso” a quien piense así. Sin embargo, todos los personajes quieren vivir como si esa fidelidad fuera posible; y la felicidad parece supeditada a sostener esa ilusión. “La ignorancia es la felicidad”, decía el traidor Cifra, en la genial trilogía The Matrix. Pues bien, según esta obra, mentir es de “cabrones”, pero sólo cuando descubrimos la mentira. Mientras dura, es un acto de “sensibilidad” hacia el engañado. O no. Ahí está el juego de esta trama.