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ANÁLISIS DE ESPAÑA

Ya es tarde para quejarse

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España22-10-2012

Ninguna sorpresa. El PP seguirá gobernando con mayoría absoluta en Galicia y el PNV recupera el poder en Euskadi con EH Bildu como segunda fuerza tras el breve lapso de tres años y medio de no nacionalismo en Ajuria Enea. En el PP corren a celebrar los resultados de Feijoo como un refrendo a sus políticas de recortes en Madrid. Como si los gallegos tuviesen un gusto masoquista hasta ahora desconocido. El PP en estas elecciones lo tenía fácil. Galicia no es de las regiones peor paradas en la crisis y la alternativa era una amalgama de varios partidos que no invitaba a la estabilidad en momento de turbulencia. Uno es la escisión del otro y el PSOE presentaba un líder en el que no creen. Simplemente no hubo tiempo para elegir nada mejor en primarias. La reelección de Feijoo estaba a huevo. Más interrogantes presenta el País Vasco. Sobre todo de cara al futuro después de varias semanas jugando al cortejo. Ahora toca quitarse la careta. Urkullu deberá demostrar si es la versión vasca de Más (o un remake de Ibarretxe) o si basa su gestión en lograr la prosperidad económica como ha prometido. EH Bildu debe demostrar si sigue poniendo cara de bueno o si saca a relucir lo que ha sido siempre. Con sólo seis escaños menos los herederos de Batasuna le marcarán el ritmo del independentismo a Urkullu y le obligarán a retratarse desde el primer día. Duele después de tanto sufrimiento ver a los de siempre ahí arriba. Celebrando sin haberse arrepentido nunca del dolor que causaron con su justificación de la violencia. Pero esto es lo que se les pidió: “o votos o bombas”. Nada más. Y ahora es tarde para quejarse. Uno se pregunta cuántas cosas se han hecho mal para que los herederos de Batasuna hayan sido quienes más se han beneficiado del final de la violencia. Uno se acuerda, por ejemplo, de la escenificación de Aiete. Y de cómo la presencia del PNV y el PSE contribuyó a que ETA evitase presentar su cese definitivo como la derrota que realmente era. Y como el Gobierno lo sabía y no hizo nada para impedir que líderes internacionales como Kofi Annan aportasen el barniz de legitimidad definitivo. Tampoco hizo nada Rajoy, quien fue puntualmente informado de todo. Sin Aiete no habría habido cese definitivo a los tres días, pero ¿quién tenía más necesidad? ¿A quién le habían detenido cinco máximos dirigentes en dos años? ¿Quién estaba fuera de las instituciones? ¿Quién iba perdiendo? Uno se acuerda ahora también de Patxi López pidiendo la legalización de Bildu y Amaiur. Y la excarcelación de Otegi. De nada sirve entonces repetir como un mantra que la democracia ha vencido al terror si con tus mensajes estás arrojando dudas sobre quienes fueron los culpables. Ahora ya es tarde para quejarse. No hay bombas, es verdad. El casco viejo de San Sebastián ha vuelto a albergar actos políticos. Pero también es verdad que ni Patxi López ni Basagoiti pudieron ir a votar con libertad. A los dos se la liaron en sus respectivos colegios electorales sin que, por el momento, EH Bildu haya condenado el acoso. La democracia no les debe nada y sin embargo no han esperado ni al recuento de los votos para quitarse la careta y mostrarse tal y como son. Se supone que vivir en libertad era mucho más que tener que mirar en los bajos de un coche todas las mañanas. Empezando por poder ir a votar sin que te insulten. Esa presión, no por conocida menos repugnante, sería menos con una Batasuna derrotada electoral y moralmente. En lugar de eso, el error en la gestión del final del terrorismo ha permitido que el 21O arroje una Batasuna crecida y con 277.000 votos. Pero ya es tarde para quejarse.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio