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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

La hora de la escuela

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad24-09-2012

Es para hacérselo mirar. Cada cambio de Gobierno trae una nueva ley educativa. La formación de las futuras generaciones se moldea según los valores de unos o de otros. Y lo que no son valores, intereses. Pero hay más que eso. España lleva mucho tiempo suspendiendo la asignatura de la educación y por ello en el ámbito internacional el sistema de la piel de toro lleva puesto permanentemente las orejas de burro. Ahí están los informes... El último ministro que se ha empeñado, por el motivo que sea, cambiar la educación española ha sido José Ignacio Wert. Así lo acaba de plantear en el Consejo de Ministros. Pero lo que aún no se ha tomado en serio es en cambiar otros aspectos clave que repercuten sobre la calidad educativa, aunque éstos no estén únicamente bajo la cartera del señor Wert. Los niños tienen que completar y reforzar su aprendizaje también en casa, en su círculo social y, atención, en esa supernanny multipantalla que trasciende los canales tradicionales de los medios de comunicación. En tiempos de crisis no hay que ponerse quisquilloso, pero el ritmo de vida latino, por las horas de luz que tanto influyen en el carácter de los países sureños, es un tanto incompatible con el sosiego, la reflexión, el reposo, la vida hogareña y ese concepto casi útópico que tan mal se entiende aún: el de la conciliación de la vida familiar y laboral. No es de extrañar que luego salgan los psicólogos a la palestra para alertar de los riesgos que tiene que los pequeños no encuentren a sus padres en casa cuando cada tarde acaban sus clases. Y ahí están los fenómenos de los niños llavero, las abuelas esclavas y los peligros de los menores navegando sin rumbo ni control por las mareas de Internet. La educación requiere tiempo. No tanto que se ayude a los niños con los deberes (deben aprender también la cultura del esfuerzo), sino la presencia firme de quien no va a desautorizar al maestro porque tiene el complejo de que apenas está con su hijo. Además de la asignatura de la educación necesita mejorar la materia de la productividad laboral, la reunionitis vacía de contenido, el calentamiento de sillas y el rendimiento del trabajo en su sentido más cabal. Todo eso hace perder mucho tiempo. Son unas horas preciosas que no serán para instruir a los más jóvenes. Es la hora de la escuela, sí, pero se está pasando el tiempo de otros muchos suspensos en la organización y los valores de la sociedad española. Y como en muchos ámbitos, quizás haya que empezar por lo que está más a mano, en el mismísimo hogar.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo