ANÁLISIS DE CULTURA
Los Nobel pierden fuelle
Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura14-06-2012
Un buen día un famoso químico sueco e inventor de la dinamita decidió que había acumulado tal cantidad de riqueza que debía entregarle una parte a los hombres más sobresalientes del mundo y a los que promulgaban la paz. Marie y Pierre Curie, Einstein, Santiago Ramón y Cajal o Pablo Neruda fueron algunos de los elegidos por sus proezas a lo largo de su vida. En esa estudiada elección pesaba un nombre para algunos, el de Barack Obama, presidente de los Estados Unidos. ¿De verdad merecía el Nobel de la Paz? ¿es la prueba de que estos premios han perdido relevancia? Un jurado no puede ser subjetivo al 100 por ciento. Antes ya se cuestionó la entrega de este premio a Henry Kissinger. El secretario de Estado estadounidense en la época de Nixon y Ford y consejero de Seguridad Nacional fue galardonado por situar la intervención militar en la guerra de Vietnam como último recurso, aunque de poco sirviera después. Pero también se sospecha su colaboración con los regímenes dictatoriales como la de Augusto Pinochet. ¿Presiones externas o premios ganados a pulso? Ocho meses después de llegar a la Casa Blanca, Barack Obama recibió el Nobel de la Paz. El comité consideró que sus "extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos" eran razón suficiente. La mediadora de las FARC, Piedad Córdoba, se quedó fuera, entre otros. ¿Se han convertido en una suerte de Oscar? ¿o en un elemento de propaganda una vez ganados para emitir juicios a veces inapropiados? En este sentido me refiero a los mensajes desalentadores sobre el futuro de España y del euro, como los del premiado en Economía Paul Krugman y su última faceta como visionario apocalíptico y en los últimos días Erling Kydlan y Joseph Stiglitz. Ambos cuestionan el plan de ayuda públicas a las entidades en apuros y han fomentado el nerviosismo y la consecuente actuación interesada de los especuladores. El tiempo dirá si tuvieron o no razón. Pero da la sensación que el apellido “Premio Nobel de Economía” les da el suficiente crédito como creer y dar importancia con fe ciega a sus palabras. Se hayan degradado o no los Premios Nobel desde que comenzaran su andadura en 1901 en cuanto contenido, caen por su propio peso económico. No solo hacen falta premios imparciales, sino también más baratos. La herencia de Alfred Nobel se acaba, y por eso los ganadores del galardón recibirán un 20 por ciento menos del premio a partir de este año. Dotación que por cierto quedó fijada en el testamento del inventor y que se vio aumentada en 2001 de nueve a 10 millones de coronas suecas. (1,4 millones de dólares o 1,1 millones de euros). Hoy el premio se quedará en 876.785 euros.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press