ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
Qué listos son los chinos
Por Isaac Á. Calvo
3 min
Internacional11-06-2012
Un refrán español dice que "lo engañó como a un chino". Sin embargo, visto lo visto, este dicho popular debe tener su origen hace cientos de años, porque en la actualidad está desfasado. Es más, podría cambiarse a "lo engañó como a un occidental", que es más actual. El Gobierno de China lleva décadas aplicando dos sistemas que, en teoría, son antagonistas: el comunismo en lo político y el capitalismo en lo económico. El férreo control sobre la población, los medios de comunicación y todo lo que afecte a la vida cotidiana convive con un consumismo desmesurado, que tiene su máxima representación en ciudades como Pekín y Shanghái. Ambas cuentan con grandes avenidas comerciales en las que están presentes las principales marcas mundiales, coches de alta gama, enormes rascacielos (especialmente en Shanghái) y habitantes en los que se ha despertado el afán por comprar. El modelo político y el económico funcionan, especialmente para los gobernantes. China crece y las autoridades saben que el mercado chino es atractivo para muchas empresas extranjeras. Hay sectores en los que es muy difícil la entrada foránea, pero en otros se exige la creación de una joint venture (empresa conjunta) en la que debe haber un socio local, con las ventajas e inconvenientes que eso genera. Además, el Estado chino también ha comprado deuda de algún que otro país occidental en crisis. Si se desmoronan las exportaciones de productos made in China, se pone en riesgo el crecimiento estatal. Aunque mucha gente piense solo en los productos baratos y, generalmente, de baja calidad de los famosos bazares del todo a cien (o a un euro), en China también se fabrica alta tecnología (evidentemente, con un precio mayor). El siguiente ejemplo es clarificador: Si un fabricante quiere producir 10 televisores con un presupuesto de 100 euros (a 10 euros cada uno), seguro que lo consigue y el aparato se ve, pero es muy posible que al tercer uso se estropee. Por el contrario, si para esos 10 televisores tiene un presupuesto de 10.000 euros (a 1.000 euros cada uno), se obtiene un modelo duradero y de enorme calidad. Mientras tanto, el sistema comunista sigue vigente y, como no podía ser de otro modo, hace de las suyas. La semana pasada, se recrudeció la habitual censura, esta vez con motivo del 23 aniversario de la matanza en Tiananmen (el Ejército disparó contra los cientos de estudiantes pacíficos que pedían reformas democráticas). Además, son numerosas las denuncias de violaciones de derechos humanos por parte del régimen. Pese a sus esfuerzos por controlar todo al cien por cien, el auge de las nuevas tecnologías y la curiosidad de las jóvenes generaciones suponen un desafío para el Gobierno. Que un pekinés sepa que en Tiananmen hubo un abuso de fuerza o que reconozca que Mao también hizo "cosas malas" es un pequeño primer paso. Seguro que el buró chino es consciente de todo ello y poco a poco va introduciendo políticas para satisfacer algunas de las demandas de cambio. Eso sí, sin perder los pilares sobre los que se asienta. Su propia supervivencia está en juego.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD