SIN CONCESIONES
Rescatados
Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión13-06-2012
Resulta toda una paradoja que Mariano Rajoy apareciera "muy satisfecho" y enormemente contento el día que España acababa de pedir un rescate financiero a la Unión Europea. Pero salió así. El presidente del Gobierno, tan cauto y comedido en la mayoría de las ocasiones, intentaba vender como un éxito lo que en teoría es una profunda derrota de nuestra economía. Si España pide un rescate a Europa, aunque sólo sea para los bancos, es porque no ha sido capaz de solucionar el problema por sí misma. Tan obvio como evidente. Pero lo cierto es que, pese al rescate, España tiene ciertos motivos para la alegría. El primero de ellos es que el rescate es única y exclusivamente para los bancos. Es decir, el país no necesita ser rescatado. No requiere dinero extra de la Unión Europea, al menos por ahora. Y toquemos madera... Esto demuestra que las reformas estructurales que Zapatero emprendió en 2010 y que Rajoy ha endurecido en 2012 están funcionando. Así lo han reconocido la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, al contrario que con Grecia. Esto es lo que ha evitado el rescate de España, lo cual entraña una fantástica noticia. El rescate del país hubiera significado la quiebra total del Estado. Habría supuesto equipararnos a Grecia. Y habría conllevado el hundimiento del euro y de Europa en su conjunto. Por eso nos ayudan tanto, todo hay que decirlo. Segundo motivo de alegría: el Tesoro no emitirá deuda para sanear los bancos. Dicho en cristiano, no tendremos que ir al mercado a pedir préstamos altísimos para las entidades con problemas. Con la prima de riesgo alrededor de 500 puntos, es todo un triunfo que la ayuda la aporte la Unión Europea. Sale más barato. El Gobierno quería que los bancos acudieran directamente al Fondo de Rescate para que la reputación del país quedase indemne. Pero no ha sido así. Ha perdido la batalla del honor y, a cambio, ha logrado una solución a mitad de camino que garantiza que el dinero lo ponga Europa, que era su verdadera preocupación. El Gobierno tendrá que hacer de intermediario, aunque no quería, pero en la operación sacará tajada. Impondrá a los bancos un interés mayor del que la UE cobre a España. El beneficio equivaldrá a un mísero pellizco de algunos millones de euros, pero asegura que los ciudadanos no tengan que costear todavía más el saneamiento de los bancos. La tercera alegría es el volumen del crédito que la Unión Europea concede a España. Los 100.000 millones de euros no son para recibir y gastar de inmediato. Son un fondo al que los bancos acudirán paulatinamente si necesitan más recursos. Rajoy también ve un éxito en el exceso de generosidad de las instituciones comunitarias, aunque la única ventaja es que el Gobierno evita hacer dos veces el ridículo internacional si dentro de unos meses necesita más dinero del que ahora declara. Quienes tienen una empresa saben que disponer de una línea de crédito en el banco, como España va a tener ahora en la UE, no es malo en sí mismo. El verdadero problema llega después, si careces de ingresos suficientes para devolver la ayuda y pagar los intereses. Así que más vale que este rescate financiero suponga un verdadero revulsivo para nuestra economía. De lo contrario, el pozo se hará aún más profundo. Quizá haya un cuarto motivo para la esperanza, como que Mariano Rajoy convocase su primera gran rueda de prensa en La Moncloa tras el rescate. Fue transparente y respondió con claridad. Las explicaciones resultaron certeras y oportunas, pero quizá no trasladaron tanta confianza como el Gobierno desearía. El motivo es sencillo: para convencer en días de crisis hay que ganarse la credibilidad de los medios y los ciudadanos el resto del año. Rajoy es de esos que sólo aparecen en las grandes ocasiones, cuando casi no le queda más remedio. Aunque entonces tenga razón, la gente desconfía. Además, algunos de sus argumentos chocan frontalmente con lo que él mismo decía hasta hace poco. Eso tampoco ayuda. Así que cuesta el doble creer que Rajoy esté tan contento porque nos rescaten. No puede ser tan bueno como nos pinta.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito