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SIN ESPINAS

A cada pálpito

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura2 min
Opinión15-04-2002

Esta semana de huelga de autobuses, más suicidas en Oriente Medio e ineficacia de las relaciones internacionales, tramas en el BBVA, y golpes de estado fallidos en Venezuela, me animo a reflexionar y preguntarme seriamente sobre los porqués, tratando de convencerme de que de intentarlo no me volveré loco. Habrá algunos ya que se apresuren a decirme que ellos tienen las respuestas a tanto conflicto, que, de hecho, ellos conocen las causas últimas de tan enrevesadas controversias sociales, políticas, económicas y, hasta haciendo un esfuerzo, podemos de decir que religiosas. No seré yo quien se atreva, pues, a enmendar tan eruditos análisis y juicios de valor que necesitan del derroche continuo de saliva, tinta e imprudencia para ser emitidos. Me quedaré entonces en la pregunta retórica para incitar a la razón que busca razones. ¿Puede ser una absoluta falta de AMOR verdadero en el hombre de hoy? ¡Hala! reduccionista. ¿Nos tomas por tontos? -me dirán algunos- ¿Te crees que es posible simplificar a eso asuntos tan peliagudos, oscuros y complejos? ¡Que desfachatez! Otros me increparán: mira el listo, falta de AMOR, ya lo sabemos, hombre. Bueno, pues tanto para el que lo sepa como para quien no, me permito el lujo de enunciar mi respuesta para saber por qué mi conductor de autobús se ha visto obligado a no recogerme esta mañana en la parada. Conozco la razón por la que algún banquero multimillonario creía que no tenía suficiente dinero en su cuenta, sé ahora por qué la comunidad internacional no mueve su voluntad de manera decidida para acabar con el infierno de muchos hermanos y veo ahora con claridad cómo un pueblo se revuelve harto y agotado por tanta tiranía. La injusticia, la insolidaridad, el egoísmo, el odio más visceral, la pobreza, son todas causas de la falta de AMOR de este hombre, son todas causas de que no llevemos el AMOR a sus últimas consecuencias, a cada acción en nuestras vidas, a cada respiración, a cada pálpito de corazón.

Fotografía de Javier de la Rosa