Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

SIN CONCESIONES

Otra huelga general

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión12-03-2012

El 29 de septiembre de 2010. Fue la fecha de la última huelga general. Aquella resultó una huelga de pacotilla. Pocos dejaron de trabajar, apenas los piquetes sindicales. Sólo ha pasado año y medio, pero tenemos aquí otra huelga. Es la única solución que saben ofrecer quienes se definen a sí mismos como los defensores de los trabajadores. En realidad, sólo se protegen a sí mismos. Esta huelga general es contra la reforma recientemente aprobada por el Gobierno de Mariano Rajoy. Y es cierto. Aunque los motivos son distintos a los que exponen los agentes sociales. En público, cargan contra una reforma laboral que abarata el despido. En privado, arremeten contra su verdadera preocupación: negociación colectiva y cursos de formación. Ahí radica el verdadero poder de los sindicatos. Y están a punto de perderlo. Si la huelga general fuera en defensa de los trabajadores, los sindicatos tendrían que haber convocado diez huelgas generales cuando gobernaba Zapatero. Entre 2008 y 2010, más de dos millones de personas fueron despedidas. El paro se duplicó en apenas 24 meses hasta alcanzar los 4,1 millones de parados. Era la época de los brotes verdes y la negación de la crisis económica, hasta que la realidad dejó en ridículo al Ejecutivo del PSOE. Mientras tanto, los sindicatos guardaban silencio. Pocas protestas en público y menos aún en la calle. La ideología de izquierdas y, en algunos casos, la militancia socialista estaban por encima de las demás cosas. Los principios sindicales quedaron subordinados a los intereses políticos, como sucede casi siempre. Prácticamente nadie se acordaba entonces en UGT y CCOO de los derechos de los trabajadores. En aquella época, debían de estar más preocupados de sus derechos individuales que de las necesidades de los empleados. Así perdieron toda credibilidad social y toda legitimidad para futuras protestas. Desde entonces, muy pocos les toman en serio. Y así han llegado a 2012. Hay una reivindicación de los sindicatos que sí ha sido útil en los últimos años. Se trata de la ayuda de 420 euros para los parados que han agotado la prestación. Inicialmente, parecía el colmo del subsidio, pero el tiempo la ha elevado a la categoría de imprescindible. Hay cerca de dos millones de parados sin ninguna clase de ingresos a fin de mes. Pronto serán más. Muchos subsisten gracias a este pequeño salario que los agentes sociales propusieron a Zapatero y el entonces presidente del Gobierno concedió. Ahora debemos reconocer que fue un acierto. Tanto es así que el Gobierno de Rajoy lo ha prorrogado, ya sea por convicción o por miedo al descontento social que generaría cancelarlo. Es una ayuda valiosa para miles de familias con todos sus miembros en paro. Pero no hay soluciones para quienes aún tienen un empleo y temen perderlo. Los sindicatos rara vez se preocupan de que haya más trabajo. Al revés, son especialistas en ideas para que los trabajadores trabajen menos. Conste que lo dice un asalariado. La huelga general del 29 de marzo volverá a ser una huelga política. Como la que UGT y CCOO montaron al Gobierno de José María Aznar en 2002 en plena bonanza económica y récord de empleos en España. Como las que NO organizaron en 2009 por simpatía a Zapatero. O como la que convocaron a destiempo en 2010 tras una minireforma laboral del PSOE. Ahora tienen motivos sobrados para ir a la huelga, pero han elegido mal momento. El 29 de marzo se cumplirán 98 días de la llegada de Mariano Rajoy a La Moncloa. No han dejado pasar ni los clásicos cien días de cortesía. Da la sensación de que estaban deseando que cambiase el Gobierno para convocar la gran huelga general que quizá pensaron hacer con Zapatero y, sin embargo, no se atrevieron. Tienen derecho a dejar de trabajar y a salir a la calle a manifestarse, aunque hayan caído en el mal gusto de organizar un simulacro justo el día del octavo aniversario de los atentados del 11-M. El 29 de marzo harán mucho ruido, los piquetes volverán a saltarse la ley con coacciones y agresiones a quienes sí desean trabajar... Pero la realidad probablemente vuelva a dejarles en ridículo. La mayoría de los trabajadores hemos perdido la fe en los sindicatos. Nos han dado la espalda mucho tiempo. A buenas horas se acuerdan de nosotros. Así que, al menos conmigo, que no cuenten.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito