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CREAR EN UNO MISMO

The Artist vs. El árbol de la vida

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión27-02-2012

Entre las películas que han competido por los Oscar este año hay dos especialmente peculiares. Ambas son valientes, rompen el guión establecido y resultan especialmente significativas en tiempos de crisis. Tienen un tema en común (el orgullo parejo a la impotencia y a la incomprensión de uno mismo) y, en otro sentido, se presentan como dos formas radicalmente distintas de entender el cine. El árbol de la vida, sencillamente, juega en otra liga. Es una obra total que pretende abarcar toda la experiencia humana, incluida la mirada a Dios (tal vez la mirada desde Dios), la oración y la vida más allá de esta vida. No respeta una de las convenciones implícitas del cine, esa que plantea casi todas las películas como drama o imitación de la acción humana. Al tiempo, transgrede consciente y recurrentemente otra norma no escrita: es puro simbolismo. Las imágenes donde no aparecen los hombres, la música y la voz en off sostienen casi todo el metraje, aportando muchísima más información de la que podemos extraer observando la acción de los personajes. Eso la sitúa en una posición incómoda: rara vez la acción de los personajes se explica o sostiene por sí misma, y el nivel cultural –bíblico, teológico, musical, simbólico- que exige al espectador medio es abrumador. La experiencia frente a esta película puede ser similar a la de enfrentarnos a La Iliada o a la Divina comedia: obras maestras capaces de emocionarnos con o más grande… pero para la que solemos necesitar un buen puñado de notas a pie de página. Desgraciadamente, ese tipo de obras suelen recibir muchas candidaturas, pero no muchos Oscar (en esta ocasión, ninguno). En el polo opuesto se sitúa The Artist. Cine mudo. Blanco y negro. Las esencias originales del arte cinematográfico. Todo lo sostiene la acción dramática de los personajes. Aunque toda ella es un guiño y una referencia al cine mudo, no necesitamos haber visto antes ninguna película para entender ésta. Ni siquiera necesitamos saber leer, tener cultura musical, conocer un idioma. La música es puramente emocional y auto-explicativa; aporta intensidad a la acción, pero carece de una simbología y no pretende invocar un universo cultural específico. La acción humana lo sostiene y explica todo. La experiencia que nos ofrece es similar a que tenemos cuando nos enfrentamos a un mito clásico y popular: es esencial, universal, habla de mí y al hombre de cualquier tiempo y lugar. Si El árbol de la vida es una obra atemporal, The Artist es a un tiempo terriblemente anacrónica (reproduce esquemas narrativos de hace 80 años) y poderosamente actual. Recoge un crash económico y un cambio de paradigma cultural (del cine mudo al hablado). Muestra la orgullosa resistencia al cambio y revela sus consecuencias aniquiladoras. Y propone la misma solución dentro de la pantalla (en la historia narrada) y sobre la pantalla (su ejecución técnica): aceptar las exigencias y retos actuales sin abandonar los orígenes y rescatando o conservando lo esencial. El árbol la vida y The Artist recorren caminos muy distintos, pero proponen algo similar, capaz de crear valor en tiempos de crisis y siempre. Recogen el drama humano, se cuidan de juzgar caminos equivocados (aunque muestran sus terribles consecuencias) y proponen las respuestas más humanas al drama de la vida: dar, acoger, ayudar, dejarse ayudar, querer mejorar, perdonar, amar.

Fotografía de Álvaro Abellán

$red

Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach