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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Ojalá

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura3 min
Sociedad06-11-2011

España asiste al espectáculo de una nueva campaña electoral con músicas, vídeos y eslóganes. Tras ella comenzará la décima legislatura de la Democracia, una cifra redonda para un concepto que viene de esas latitudes a quienes pocos ahora quieren mirar. Habrá quien haga del nuevo curso político una película o una de esas series de televisión que tanto gustan, pero España no está para bandas sonoras ni shows. Ni España ni la política ni el mundo que nos ha tocado vivir. El de la Democracia fue un invento griego, quizás el menos malo de los sistemas políticos, aquel que es favorable "a la intervención del pueblo en el gobierno", se lee en el diccionario. Esa es la razón por la que los españoles votamos el día 20 de noviembre. Pero, en realidad, la mayoría de los mortales no ahonda en los significados: le oprime demasiado el cinturón. Ya la vida es suficientemente perra como para ponerse a leer programas electorales y escuchar mítines y, encima, creérselos. Los ciudadanos no ahondan en los lemas y los programas y las políticas apenas profundizan en la esencia de la realidad. Los gobernantes lo saben y por eso todo toma una apariencia de cartón-piedra, de plato precocinado, de tumba blanqueada al más puro estilo fariseo. El debate entre los candidatos también pone una ración de fachada ante el plato de sopa de sobre de la cena de los comicios. Pero el 20-N, fecha elegida quizás para sacar de los armarios los fantasmas del viejo pasado de la memoria histórica, no traerá la solución a todos los problemas y, mucho menos, café para todos. Para entonces poco importará si ante las cámaras un candidato se abrochó muchas veces el botón de la chaqueta o el otro elevó el tono de voz en la campaña. Con el nuevo gobierno llegará la Navidad y a los comercios no les saldrán las cuentas y a los casi cinco millones de parados, menos. Es obvio. Opositores y gobernantes se comerán el turrón apelando a los buenos sentimientos y al altruísmo, cuando Cáritas lleva en campaña navideña muchísimos meses, porque 20 siglos después pocos están dispuestos a dar posada a quienes no pueden pagar su techo, por ejemplo. Y sólo quedará cantar villancicos, para alegrar el ambiente. Para ir calentando gargantas, un grupo de personalidadaes ha desempolvado la tan bonita como ambigua canción "Ojalá" de Silvio Rodríguez, con la que respaldan la candidatura socialista de Alfredo Pérez Rubalcaba a la Presidencia del Gobierno. Interpretaciones aparte de la letra y el motivo de la canción (en los versos finales dice "Ojalá que el deseo se vaya tras de ti, a tu viejo gobierno de difuntos y flores"...), los analistas políticos quizás deberían quedarse en la esencia de una palabra que procede del árabe y tiene connotación religiosa. Como se lee. En efecto, sólo hay que acudir a la RAE y consultar el término "ojalá", nombre con el que se ha denominado el grupo de los más famosos simpatizantes de Alfredo Pérez Rubalcaba. Viene, en efecto, del árabe, y significa "si Dios quiere". Sin embargo, a veces Dios no quiere lo mismo que los simples mortales. Por eso, los candidatos y sus amigos deberían preocuparse por ir a la raíz de los problemas de los ciudadanos antes de empolvarse la nariz para parecer más jóvenes, más altos y más rubios. Quizás es a lo que aspiran los representantes democráticos, digan o piensen su particular "ojalá".

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo