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SIN CONCESIONES

Mayoría absoluta para Rajoy

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura4 min
Opinión07-11-2011

Tengo dos recuerdos inborrables de Mariano Rajoy. Uno es del 14 de marzo de 2004. Aquella noche esperaba ganar sus primeras elecciones a la Presidencia del Gobierno. Pero no fue así. El Partido Popular sufrió una contundente derrota ante Zapatero. El PSOE logró dar la vuelta a las encuestas en pocos días, en medio de la agitación social que provocaron los atentados islamistas del 11-M. La noche de las urnas, Rajoy compareció con doble cara de luto ante los periodistas que estábamos allí. Su rostro no desaparece de mi memoria. Tampoco el de Aznar. Minutos después, los dos se asomaron a una ventana para saludar a los simpatizantes que lloraban en la calle la debacle electoral. De gobernar con mayoría absoluta de 183 escaños, el PP regresaba a la oposición con 148. La otra imagen imborrable es del 9 de marzo de 2008. Rajoy sufrió aquella noche su segunda derrota consecutiva ante Zapatero. Todo el mundo recuerda su escena en el balcón de la calle de Génova, abrazado a su esposa, Elvira Fernández. Allí pronunció un lacónico "Adiós" que sonó a despedida, a fin de ciclo, a renuncia, a retirada. Mis dos recuerdos principales de Rajoy son de malos momentos, los peores de su trayectoria política. No es casual. Es en las derrotas y las tristezas donde sobresale la esencia de las personas, donde los humanos comprobamos nuestras debilidades, donde nos sentimos solos, donde las verdaderas amistades se ponen a prueba y donde tenemos que sacar fuerzas contra la adversidad. Es donde realmente nos la jugamos. Me quedo con esos dos instantes porque en siete años he visto una transformación personal y política en quien dentro de poco parece que tomará posesión como presidente del Gobierno. Ha crecido en la adversidad, en el esfuerzo, en el sufrimiento, en los problemas... Parecía llamado a gobernar España en 2004 pero el destino le hizo esperar dos legislaturas. Así es como se ha curtido en la oposición. Ahora está más y mejor preparado que entonces. Más nos vale que eso se traduzca en una buena gestión. Sería como cerrar un paréntesis de siete años en los que España ha comprobado en sus propias carnes lo que sucede cuando se gobierna desde la frivolidad, el oportunismo, la improvisación y el partidismo político. Cuando Rajoy tome posesión, muchos despertarán de una pesadilla y pensarán que la era Zapatero fue un mal sueño. Pero no lo ha sido. El PP no va a arreglar las cosas inmediatamente. Al contrario, la crisis irá a peor los primeros meses. Harán falta muchas y profundas reformas para arreglar el país. Rajoy debería aprovechar la próxima legislatura para sentar las bases para un nuevo futuro: con una educación de calidad, una Justicia más rápida, un Parlamento más representativo, una política sin corrupción, un sistema de salud más eficiente, una administración más austera, unos impuestos más progresivos, un mercado laboral más competitivo, un sistema financiero más vigilado y un Gobierno más serio. Puede que le sea más fácil con mayoría absoluta pero, aunque no la consiga, no debería eludir esta responsabilidad. Resulta curioso que el mismo Rajoy que salió en 2003 del Gobierno con mayoría absoluta pueda regresar como presidente en 2011 con una mayoría absoluta todavía más amplia. Otro elemento más para pensar en el paréntesis. Quizá en el PP piensen que con mayoría absoluta tendrán más facilidades, pero se equivocan. La responsabilidad será aún más grande, la exigencia mucho mayor y la presión puede llegar a resultar insoportable. Necesitará mucho diálogo y muchísima pedagogía para explicar las reformas y convencer de su necesidad. El silencio de los últimos años puede transformarse en el mayor enemigo de Rajoy una vez que pise La Moncloa. El ritmo de los tiempos tampoco podrá ser el mismo. Cada paso, cada medida, cada reforma exigirá rapidez y para salir de verdad de la crisis económica tendrá que actuar con urgencia. Rajoy siempre ha tenido fama de buen gestor pero, en los momentos de desesperación, la gente demanda algo más. Los ciudadanos quieren un líder que sepa con determinación lo que quiera, que transmita con convicción sus ideales y que marque el rumbo hacia el horizonte, hacia esa luz al final del túnel de la que tanto habla Rajoy en sus mítines. El Rajoy que recuerdo de 2004 y 2008 no cumplía ese perfil. El Rajoy que conozco ahora debe mejorar en ese aspecto. Si no lo hace, dentro de cuatro años podrían sacarle de La Moncloa con la misma facilidad que va a entrar en el 20-N.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito