ROJO SOBRE GRIS
Mis horas de sofá
Por Amalia Casado
2 min
Opinión31-10-2011
Hacer nada. A veces es lo que necesito hacer: aparentemente nada, tumbarme en el sofá y poner una música que me guste, una canción, sólo una y sólo esa, una y otra vez. Aveces lloro. También a veces me río. A veces me quedo pensativa dándole vueltas a una palabra, pero sin especial concentración. Me dejo seducir por ella, me dejo rozar una y otra vez como si al contacto conmigo esa palabra fuese desprendiendo más y más una fragancia, un olor, un algo que se me pega, de lo que me contagio y en lo que me transformo. Cuando pasa el rato me siento diferente. Y un buen día me doy cuenta de que realmente soy diferente por aquel momento: en una conversación, en una reunión, en una lectura, en medio de una dificultad o de una alegría percibo de nuevo el aroma de aquel momento que se comporta como unas lentillas en el corazón, como un telescopio del alma, como un microscopio de lo oculto con el que puedo ver de una manera diferente, y ser de forma distinta y mejor. A veces me viene una idea imprevisible que me sorprende, como una inspiración, como una comprensión más clara de algo, y sucede como si el universo entero y toda la realidad se desplegase ante mí con nitidez, con desnudez, con una transparencia sencilla y maravillosamente ordenada en la que todo tiene un sentido y un por qué infinito e inagotable, imposible de describir pero tan cierto y verdadero que algo dentro de mí se conmueve provocándome una alegría que me conmociona y una paz en la que de repente todas mis penas, incertidumbres e inquietudes descansan en la seguridad de una esperanza. Hace años, cuando todavía no me conocía como ahora y tenía mucho miedo de emprender caminos equivocados, me asustaba la idea de que aquello fuese pereza, melancolía, una especie de abandonarme a una apatía vertiginosa que me empobrecería y me haría peor persona, como si se tratase de un desistir en la vida. Con el tiempo he descubierto que es otra cosa, que la he aprendido en casa sin que mis padres lo pretendiesen, que la he aprendido por contagio en el asombro ante las cosas pequeñas o grandes, pero llenas de sentido. Y que se llama contemplar. Rojo sobre gris a mis horas de sofá, resguardada en la hendidura de la roca.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo