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SIN CONCESIONES

Periodismo hacia el abismo

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión31-10-2011

Estoy preocupado por el Periodismo. Muy preocupado. Me siento rodeado de grandes colegas de profesión que se han marchado al paro en cuestión de meses. Los hay de todas las clases y condición, de todos los sectores y de todas las edades. Hay alumnos recién licenciados que no encuentran trabajo, compañeros de promoción que no tienen hueco en los medios, sabuesos de calle con multitud de fuentes a los que despiden sin más, e incluso veteranos de prestigio nacional a los que dan la puñalada por la espalda de la noche a la mañana. La precariedad se ha convertido en la principal característica de una profesión en la que, según el Libro Negro del Periodismo en España, se han destruido 5.000 empleos en el sector de la comunicación desde el inicio de la crisis económica. De ellos, 1.700 eran expresamente puestos de periodistas. Pero el problema va camino de agravarse por la nefasta gestión en muchos medios de comunicación. La arbitrariedad avanza a pasos agigantados por los despachos de muchas empresas periodísticas. Se toman decisiones sin reflexionar, sin diseñar una estrategia previa y sin pensar en las consecuencias posteriores. En la mayoría de los casos, los intereses particulares priman sobre los colectivos mientras el proyecto camina hacia el abismo económico, empresarial y periodístico. Causa vergüenza que se paguen 10.000 euros por entrevistar a la madre de un (presunto) asesino, que se premien las noticias cargadas de opinión frente a las rigurosas y objetivas, que el cotilleo y la discusión a gritos copen las parrillas, que un periódico vete en campaña electoral a su mayor especialista político, que tenga más valor el peloteo que la profesionalidad, que en una radio contraten como estrella a quien jamás se ha enfrentado a la soledad del micrófono y que se arrincone en las redacciones a quienes expresan libremente lo que piensan. Todo esto y mucho más está ocurriendo en varios medios de comunicación. Por malas que sean las decisiones, son peores aún las consecuencias periodísticas y económicas. Los medios están devaluando su capital humano con una repercusión directa en la calidad de los contenidos. No se trata únicamente de despedir a trabajadores para cuadrar las cuentas, sino de expulsar en muchos casos a quienes aportan mayor valor añadido. Adelgazan las plantillas sin más razón que las matemáticas y sin ninguna clase de sensibilidad humana. Olvidan el respeto a la persona, la buena educación y pasan por encima de la dignidad. Por eso, cuando hace días un compañero no periodista preparaba una conferencia sobre el futuro de los medios, le di mi opinión: "Necesitan recuperar el equilibrio. Lo rompen cuando los contenidos quedan subordinados al imperio del balance de cuentas o, al revés, cuando los excesos periodísticos desembocan en un tsunami de números rojos". Ambas situaciones proceden del mismo error: "poner al frente a periodistas que no saben gestionar empresas o a gestores que no conocen el negocio de la información". Los periodistas somos los primeros interesados en que haya buenos gestores al frente de los medios, en tiempos de crisis y también en los de bonanza. Las locuras se pagan más tarde o más temprano. Cuando no es así, acechan toda clase de amenazas laborales. Hay que arreglarlo. Mientras no se haga, la profesión camina peligrosamente hacia el abismo.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito