SIN CONCESIONES
Reformar la Constitución
Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión05-09-2011
Reformar la Constitución no era necesario. No hacía falta modificar con urgencia el libro sagrado de nuestro Estado. Resulta completamente exagerado enmendar un texto histórico para fijar un límite al déficit público. Una Constitución no está para eso. Pero hemos tenido que hacerlo y con la máxima rapidez. Sólo hay un motivo: la alocada gestión económica de Zapatero y todo el Partido Socialista. Esta reforma constitucional no hubiera llegado nunca si los dirigentes políticos que tenemos no hubieran derrochado el dinero. En la bonanza, crearon organismos superfluos, inflaron sus gabinetes con enchufados de baja cualificación y regalaron cheques sociales para comprar votos cuando la crisis comenzaba a asomar la cabeza. Después, pensaron que saldríamos del agujero con más gasto público sin darse cuenta de que hacían el pozo más profundo. Así fue como el déficit comenzó a multiplicarse y la deuda creció a velocidad vertiginosa. La balanza negativa pasó del 3,82% en 2008 al 9,24% en 2010. Algo similar a si una familia gastase cada mes 200 euros más de los que cobra. Los datos ponen de manifiesto el error. Pero es el sentido común quien deja en ridículo la teoría del gasto y el endeudamiento que siempre ha defendido Zapatero. Un hogar medio en España (de los que viven con apenas 25.000 euros al año) nunca gastaría más de lo que ingresa. Pero tampoco lo haría una familia pudiente (de las que cobran más de 3.000 euros al mes). Precisamente, en los últimos años nos han contado que la actual crisis financiera nació en Estados Unidos porque allí la gente que apenas podía pagar su hipoteca pedía otros préstamos y abusaba de la tarjeta de crédito sin controlar realmente la balanza de ingresos y gastos. Pues eso es justamente lo que las grandes compañías y los estados de medio mundo llevan haciendo desde hace décadas. Acumulan déficit tras déficit, año tras año, mientras la deuda del país crece y acaparan el crédito que los bancos podrían conceder a familias y empresas solventes. El equilibrio presupuestario siempre ha existido en las familias y las pymes. No lo fija ninguna ley ni norma escrita. Simplemente, lo determina el sentido común. Es una lástima que los gobernantes hayan sido incapaces de aplicarlo hasta ahora y, sobre todo, que hayan tenido que introducirlo en la Constitución. Ellos mismos se lo imponen para transmitir confianza a los mercados. Hasta ahora, casi nadie lo cumplía y no se fían de que vuelva a olvidarse en el futuro. Por eso, lo incorporan a la Carta Magna de 1978. No sería necesario si Zapatero hubiera sido más responsable con las cuentas. Claro que también hay comunidades autónomas y alcaldías gobernadas por otros partidos políticos que abusan del mismo error. De haber sido más responsables, la Unión Europea no impondría ahora tantos deberes al Gobierno ni obligaría a emprender recortes sociales que sufren los de siempre. Reformar la Constitución no era necesario pero, al final, se ha hecho imprescindible. Quienes todavía no lo comprendan ignoran la realidad de esta crisis, sus orígenes y las consecuencias financieras. Cuando abundan los problemas de liquidez y crédito, las cuentas deben ser más claras que nunca. Hasta Zapatero lo ha entendido a base de disgustos y ha tomado una decisión contraria a sus principios. Esta vez podemos considerarlo un mérito, aunque estemos excesivamente acostumbrados a sus contradicciones. Los que le pedían un gran pacto con la oposición le critican ahora por dejar a un lado a los partidos minoritarios, aunque en realidad han sido ellos mismos quienes se han arrinconado en un ataque de celos y un irresponsable electoralismo. Ninguno de nosotros podemos gastar en nuestras casas más de lo que tenemos. Ahora, ese principio queda escrito también en la casa de todos los españoles.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito