ANÁLISIS DE ESPAÑA
Rebelión en la granja socialista
Por Alejandro Requeijo
2 min
España04-07-2011
Admito mi afición por recurrir con cierta frecuencia a George Orwell a la hora de analizar el día a día de la política nacional. Es verdad que el comprometido escritor británico desnudaba regímenes totalitarios de épocas pasadas en sus novelas, pero es que muchas de sus apreciaciones bien valen hoy para protegerse de algunas estrategias actuales. Rubalcaba va poco a poco dejando ver en qué va a consistir su carrera a La Moncloa y sobre todo su manera de desmarcarse del legado de Zapatero. Y en ese giro de guión, ahora resulta que los enemigos son los bancos. Fue en Rebelión en la Granja donde Orwell describió la revolución que llevaron a cabo unos animales para hacerse con el control de su granja. Para ello establecieron los Siete Mandamientos. Pero a medida que se suceden los acontecimientos y las dificultades y las necesidades de permanecer en el poder lo exigen, esos mandamientos se van matizando o reduciendo para justificar ciertas decisiones. ¿No fue Botín quien tras una reunión en la que también estaba el propio Rubalcaba pidió a Zapatero que no adelantase las elecciones como pide el PP? ¿No eran esas publicitadas reuniones donde el Gobierno pactaba con grandes empresarios y banqueros? Rubalcaba ya ha comenzado a retocar algunos de los mandamientos que antes se consideraban verdad revelada e insdiscutible. Y no se descarta que le eche los perros a Zapatero como hizo el protagonista de la obra de Orwell para deshacerse de su máximo colaborador, quien terminó huyendo. Y a partir de ahí, la sola mención de su nombre era considerada delito grave. De momento Rubalcaba ya se ha atrevido a desafiar a González, referente siempre del socialismo. Los que antes eran aliados cuando no sostenes del Gobierno ahora pasan a ser enemigos. La necesidad manda. Se dice que con esto Rubalcaba trata de ganarse al movimiento 15M. Pero de momento los indignados parecen haber demostrado tener memoria y no estar dispuestos a venderse a ninguna sigla, menos a estas alturas. Bienvenidas sean todas las medidas que ahonden en la regeneración democrática. Tanto el Gobierno como muchas administraciones autonómicas empiezan a dar pasos que nunca hubiesen llegado sin la expresión de indignación en las calles. Y los bancos, por supuesto, tendrán que asumir su parte de culpa. Pero la jugada de Rubalcaba es tan evidente que resulta hasta grosera. Por encima de todo, las exigencias de regeneración pasan por volver a entender la política como un medio para mejorar la vida de los ciudadanos y no como un simple mecanismo para ganar elecciones y aferrarse al poder. Y eso es así precisamente para evitar que cuando la necesidad demande otra cosa los gobernantes puedan volver a retocar los mandamientos a su antojo. Y lamentablemente es en eso y nada más en lo que anda ahora Rubalcaba.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio