¿TÚ TAMBIÉN?
Un globo de cartón
Por Álvaro Abellán
3 min
Opinión12-06-2011
“¿Qué es el mundo?”, pregunta el maestro. “Un globo de cartón”, responde el alumno. Así parodia Jean-Jaques Rousseau los problemas de la educación moderna. Su Emilio tiene, ciertamente, consejos poco acertados, más por errores de apreciación que porque su contenido esté obsoleto. No obstante, tiene algunos aciertos brillantes y muy actuales. El más destacado, el que introduce con esta anécdota: es un gravísimo error separar el aprendizaje de la experiencia. Hoy suceden cosas similares, y la anécdota que les cuento es real: “¿De dónde viene la leche?”. “Del tetrabrick”. Rousseau acierta al poner sobre la mesa la cuestión de vincular aprendizaje y experiencia, palabra y realidad. La pedagogía clásica no insiste demasiado en ello, porque era algo evidente. Sócrates hablaba de lo que hablaba en el contexto y con las personas adecuadas. El sistema educativo gremial hacía convivir al niño y al adolescente con las realidades que aprendía a nombrar. En uno y otro caso, el aprendiz tenía por familiares esas realidades antes de conocer su nombre, y las comprendía a la perfección aunque jamás aprendiera a reconocer esa palabra escrita, o supiera escribirla él. La miopía ilustrada, sin embargo, llamaría analfabeto al niño medieval y letrado al postmoderno que saber leer la palabra leche en un cartón. El caso del niño del globo de cartón no es muy distinto del de la juventud de hoy; y empieza a no serlo de la mayoría de la gente de hoy. Estamos demasiado acostumbrados a utilizar palabras que sólo son eso: palabras. No tenemos experiencia real de aquello a lo que remiten esas palabras. Sólo tenemos experiencia del uso de esas palabras que hemos visto en otros. Es decir: quedamos encerrados en el lenguaje, la ideología y los discursos, sin experiencia directa de lo real concreto. No ayuda mucho el sistema educativo. No ayuda mucho el mundo-medio creado por los medios de comunicación. No ayuda mucho la ideología tecnológica. Educación, medios y tecnologías generan hoy el discurso sobre lo real en el que nos movemos. Nos dan la falsa impresión de conocer el mundo. Pero aún: de comprenderlo con sencillez. Como si conocer el mundo o comprender una determinada realidad fuera fácil. La distinción entre erudición y sabiduría es clásica. El primero conoce las definiciones de todo… pero no sabe a qué saben las cosas. Se lo explicaba el psicólogo Sean (Robin Williams) a Will Hunting (Matt Damon): “Si te pregunto por la guerra probablemente citarás algo de Shakespeare: De nuevo en la brecha amigos míos. Pero no has estado en ninguna, nunca has sostenido a tu mejor amigo entre tus brazos esperando tu ayuda mientras exhala su último suspiro”. Las palabras son hermosas. Pero sólo lo son porque invocan la presencia de las realidades a las que apuntan. Son un puente que une al hombre con el hombre, a lo ya conocido con lo todavía por conocer. Pero cuando las palabras remiten sólo a sí mismas, ciegan la posibilidad de tratar con la realidad y hacen imposible el auténtico diálogo entre los hombres. Palabra y experiencia, discurso y realidad, sólo así el lenguaje inaugura un campo de juego entre los hombres que hace posible edificar entre nosotros ese lugar donde la vida se ensancha.