ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
¡Me importa un pepino!
Por Isaac Á. Calvo
2 min
Internacional06-06-2011
Me importa un pepino, me importa el resto de hortalizas españolas y me importa que se hagan graves acusaciones sin tener pruebas. Los últimos días han sido muy dañinos para los agricultores de Almería, pero también para la imagen de España en el mundo. Las falsas acusaciones vertidas desde el Gobierno de Hamburgo (Alemania) contra los pepinos españoles corrieron como la pólvora y están suponiendo graves perjuicios no solo en el sector agrícola, sino también en otros relacionados. Se habla de decenas de millones de pérdidas en solo una semana y de miles de puestos de trabajo que peligran. Es cierto que la bacteria Escherichia coli enterohemorrágica es muy agresiva, resistente, y que ha causado 22 muertes y cientos de infecciones, la mayoría en Alemania. Sin embargo, no es de recibo que las autoridades hamburguesas lancen graves acusaciones, de forma precipitada y sin tener pruebas fehacientes. Habría que ver qué hubiera pasado si los productos hubieran sido franceses o británicos, pero claro siendo de España… En este caso, los dirigentes de Hamburgo han actuado de forma incompetente, con desconocimiento y con prepotencia. Alemania, por mucho poder que tenga, también se equivoca y no es la primera vez que tiene problemas de contaminaciones alimentarias. La agricultura española (y especialmente la del sur del país) está muy avanzada, especializada y optimizada para cosechar productos de calidad y con todas las garantías. Es un sector muy importante para la economía y no puede arriesgarse lo más mínimo pues supone jugarse mucho. El brote de esta bacteria ha provocado una gran alarma, no es para menos. Aun así, la población no debe dejarse llevar por el pánico. La Escherichia coli (E.coli), en condiciones normales, no es peligrosa y está mucho más presente en la vida cotidiana de lo que la gente cree. Pese a todo, el miedo y la inseguridad son sensaciones subjetivas. Por esta razón, las difamaciones alemanas son tan graves; no solo porque son falsas sino porque las sospechas vertidas van a perdurar bastante tiempo en el subconsciente de los consumidores.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD