ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
Atención, peligro de descomposición
Por Isaac Á. Calvo
2 min
Internacional18-04-2011
Los bombardeos aliados contra Muamar el Gadafi no son todo lo efectivo que se pensaban. Después de varias semanas de ataques, los rebeldes no están alcanzando sus objetivos y el Ejército del régimen mantiene sus posiciones pese al castigo de la coalición internacional. Cada día que pasa es una pequeña victoria para Gadafi, un fracaso para los sublevados y un gran toque de atención para la OTAN. La todopoderosa organización militar parece haber entrado obligada en este conflicto y eso se nota. Dispone de medios y de una potencia monumental, pero carece de motivación. Y lo que es peor, a las críticas de la oposición al régimen libio se le suman las que han ido surgiendo en el propio seno de la Alianza Atlántica. Algo que mella la imagen de unidad y fortaleza que caracterizan a la OTAN. Es cierto que la organización, con la caída del bloque soviético, perdió la principal referencia para la que se creó, pero la macabra irrupción del terrorismo internacional liderado por Al Qaeda le permitió desarrollar una especie de refundación. Ésta está muy bien sobre el papel, pero hay que demostrarlo en la práctica. Las cosas empezaron a torcerse en Afganistán, donde los talibanes están ganando gran parte del terreno y la influencia que habían perdido. Y, ahora, en Libia, la operación militar tampoco marcha como se suponía. Es posible que haya habido precipitación en el intento de derrocar a Gadafi, pero da la sensación de que en este caso cada uno quiere hacer la guerra por su lado (nunca mejor dicho). Parece que realmente están primando más los intereses particulares de cada Estado miembro que los del conjunto. Y este es un aspecto que la OTAN, dada su estructura, prestigio e imagen no se puede permitir si quiere que su existencia siga teniendo sentido.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD