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ANÁLISIS DE ECONOMÍA

Llamando a… ¿quién?

Fotografía

Por Gema DiegoTiempo de lectura2 min
Economía03-04-2011

¿Alguna vez han ido a su casa a instalarles un kit de conexión ADSL que no habían pedido? ¿O quizás ustedes intentaron contactar con el departamento de una empresa de telefonía, energía, etc., para que les solucionaran un problema, y solo consiguieron que les fueran rebotando de interlocutor en interlocutor antes de colgar por aburrimiento y sin el remedio obtenido? Y lo que es seguro es que han descolgado el teléfono un montón de veces para comprobar cómo les querían vender duros a cuatro pesetas. Todos tenemos infinidad de anécdotas sobre servicios telefónicos de atención al cliente que nos han tratado como si fuéramos tontos. Yo, cuando me pillan de buen humor, hasta me dedico a explicarles por qué no me interesan sus fantásticas ofertas y a desmontar pieza por pieza todo su discurso. Incluso he llegado a responder a algunos comerciales: “Quiero esto, esto y esto otro; cuando me lo puedas ofrecer, me llamas”. Aunque estas circunstancias son molestas, es mucho peor cuando uno se ve obligado a contactar con el servicio y el esfuerzo de paciencia que hay que ejercitar resulta ímprobo. Por eso, es de agradecer que el Gobierno vaya a obligar a las grandes empresas a poner números de atención al cliente gratuitos. Todavía me acuerdo cuando una eléctrica tenía oficina en mi ciudad y los consumidores acudían confiados a ella, sabedores de que allí les resolverían sus problemas. Ahora no hay oficinas, y con tanto teléfono e Internet lo que se ha generado es una gran incertidumbre que se materializa en un peregrinar infinito –aunque sea sin moverse del sofá- para solucionar la cuestión más sencilla. Y lo que nos hemos cargado también es el contacto interpersonal. Antes podíamos empatizar con el empleado que nos atendía. Ahora no sabemos a quién llamamos.

Fotografía de Gema Diego