ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
Fukushima ya es historia
Por Isaac Á. Calvo
2 min
Internacional20-03-2011
El nombre de Fukushima ha pasado a la historia. La atención mundial se centra desde hace días en esa ciudad japonesa y no es para menos. El terremoto que asoló Japón el pasado 11 de marzo tuvo muy graves consecuencias para la población y provocó preocupantes efectos añadidos en la central nuclear de Fukushima. Las instalaciones atómicas resistieron el seísmo de casi nueve grados en la escala de Richter (el máximo es 10) y la posterior ola gigante que penetró decenas de kilómetros en tierra firme. Sin embargo estos fenómenos interrumpieron el suministro eléctrico primario y también el de emergencia. Los procesos de la central se han alterado, ha habido incendios y se ha emitido radiactividad en el ambiente. A la mente de todos regresa Chernóbil (de cuyo accidente se cumplen ahora 25 años), pero ambos tienen pocos elementos en común. De momento, los niveles contaminantes registrados en Japón no son críticos. Aun así, se ha creado un perímetro de seguridad de decenas de kilómetros y se está trabajando a destajo para conseguir enfriar los reactores atómicos y reducir las fugas de radiación. Lo que está sucediendo en Fukushima, pese a la desgracia, demuestra que una central nuclear es segura si se hace un control exhaustivo y si se cumplen las labores de mantenimiento. En este caso, las instalaciones han superado uno de los terremotos más fuertes de la historia, un tsunami y resisten el envite del fuego. De todos modos, estos hechos deben servir para aprender de lo vivido y para minimizar los daños ante futuros acontecimientos similares. Siempre conviene tender hacia los más altos niveles de protección. Aunque, como se sabe, la seguridad es, principalmente, una sensación, y nunca se puede garantizar de manera absoluta. Los sucesos de Fukushima han reabierto el debate sobre la energía nuclear y desde hace un tiempo es políticamente correcto estar en contra de ella. Es cierto que mal empleada puede tener efectos catastróficos para el ser humano y sus descendientes. También lo es que bien utilizada tiene muchísimas ventajas para el hombre y para el medio ambiente. Por tanto, en este caso, como en la mayoría de las ocasiones, conviene quedarse con lo positivo y esforzarse para evitar lo negativo. Prácticamente todo en la vida tiene sus riesgos. Nadie piensa en dejar de utilizar la luz eléctrica porque haya muerto mucha gente por descargas eléctricas o cortocircuitos, incluso en su propia casa. Nadie se plantea dejar de usar los aviones porque, cada año, mueren cientos de pasajeros en accidentes. Nadie va a dejar de usar el coche porque más de 30 millones de personas hayan perdido la vida en la carretera durante el siglo XX. El ser humano se acostumbra rápidamente a lo cómodo. Habría que ver si todos los que se posicionan en contra de lo nuclear están dispuestos a renunciar a muchas de las comodidades de las que ahora disfrutan o a pagar mucho más por ellas.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD