ANÁLISIS DE DEPORTES
Ajedrez, un modelo ético contra el dopaje
Por Alejandro G. Nieto
2 min
Deportes23-01-2011
Acostumbrados como estamos a ver en la competición a deportistas que en algún momento de sus carreras se doparon y fueron sancionados por ello, sorprende el esperanzador caso del ajedrez, un deporte (o juego) en el que los castigos por hacer trampas deberían servir de modelo a otros muchos. No son frecuentes las prácticas ilegales sobre el tablero cuadriculado, donde imperan la nobleza y la caballerosidad. Pero, cuando alguien se sale del carril, la reacción contra el tramposo es contundente. Así ha sucedido esta semana con tres ajedrecistas franceses, apartados de la competición por la federación de su país sin que tan siquiera se haya probado todavía su culpabilidad. Sébastien Feller, Arnaud Hauchard y Cyril Marzolo están siendo investigados por hacer trampas de forma organizada durante la pasada Olimpiada de Janti-Mansisk (Rusia), posiblemente por dopaje electrónico. La FFE, lejos de aferrarse al patriotismo y hacer oídos sordos, como ocurre en un sinfín de ocasiones en el ciclismo español, ha reaccionado de forma rápida e inflexible. Y es que el ajedrez ha sido testigo ya de sanciones ejemplares, como la que recibió el indio Umakant Sharma, suspendido por diez años tras probarse que le habían chivado las jugadas a través de un pinganillo. Incluso aunque no haya sanción oficial, las trampas marcan la carrera de un ajedrecista enormemente. Cualquiera que sea cazado es expulsado automáticamente del torneo en que se encuentre, y durante el resto de su vida porta una mancha imborrable que le costará invitaciones a otros campeonatos y la repudia de sus compañeros. Uno se pregunta qué sucedería si las federaciones de ciclismo o atletismo funcionaran de la misma manera. Posiblemente cientos de deportistas, como Alejandro Valverde o Dwain Chambers, hubieran sido apartados para siempre de la competición. Seguramente, el proceso contra Alberto Contador, a estas alturas, ya estaría resuelto. Y es muy probable que las prácticas ilegales destapadas por la Operación Galgo hubieran salido a la luz mucho antes. En el ajedrez, si uno sospecha que alguien hace trampas, lo denuncia. En el resto de deportes impera el secretismo y el enmascaramiento. Bien harían muchos en tomar ejemplo.
