¿TÚ TAMBIÉN?
Soy postmoderno perdido
Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión24-01-2011
Cada época tiene sus autores apocalípticos, aquellos que siempre han pensado que cualquiera tiempo pasado fue mejor; y que el tiempo que ellos viven anticipa el fin del mundo. Los medios de comunicación hoy ayudan además a alimentar esa idea, aunque algunas marcas publicitarias nos recuerdan que el bien es mucho más habitual que el mal. Hoy me siento especialmente defensor de nuestra época, aunque el lector ya conoce que tampoco suelo callar ante nuestros males. En todo caso, y a pesar de ser políticamente incorrecto, voy con mi confesión. Soy “postmoderno perdido” porque… Prefiero lo concreto a lo abstracto. Creo que las personas son más importantes que las ideas, las religiones, las doctrinas, etc. Mis amigos que puedo tocar son más importantes que las peleas entre países, partidos, ideologías y empresas. Creo que la imagen, el símbolo y la palabra oral no son necesariamente más superficiales -y pueden encerrar más riqueza- que la letra impresa. Me importa más la realidad que las ideas sobre la realidad. Prefiero ver, tocar, degustar, escuchar, sentir y compartir que encerrarme en mis castillos mentales. Amo más el presente que el pasado y el futuro. Prefiero el riesgo de vivir intensamente el presente que la supuesta seguridad de ocupar mi vida en planes, proyectos y dinero. Disfruto más mi vida ocupado en el ocio que ocupado en producir cosas útiles. Me hace más feliz hacer felices a otros (y pasarlo bien con otros) que conseguir éxitos personales. Creo que la realidad es más misteriosa y atractiva que problemática y combativa. Prefiero necesitar y estar con otros a no necesitarlos y estar solo. Me importan más mis sueños que mis limitaciones. Prefiero lo sencillo a lo complejo. Prefiero las preguntas abiertas a las respuestas cerradas. Amo más conocer algo nuevo que el conocimiento ya adquirido. Prefiero ser creativo y equivocarme a veces, a no serlo y acertar siempre. Veo la vida como una aventura, no como un proyecto. Prefiero lo natural a lo artificial. Prefiero una paz con renuncias a una guerra sin cesiones. No creo en las utopías que piden sacrificios hoy para una promesa que nunca va a llegar. Confío en las personas que cambian su pequeño mundo; no confío en quien no cambia su entorno pero se ocupa en cambiar estructuras o leyes. Prefiero lo pequeño donde puedo aportar, a lo grande que no cuenta conmigo. Prefiero lo personalizado a lo estandarizado. Prefiero vivir poco e intensamente que mucho y sin emociones. No creo en las fronteras: ni geográficas, ni raciales, ni ideológicas ni religiosas. Aspiro a lo local y a lo global… y no siempre me huele bien lo nacional. S iento que “hay” algo más que “este mundo”, pero la razón pura no tiene las respuestas. Ésta es mi confesión. Si no os satisface, tened misericordia conmigo. Si os gusta, vamos a la obra, hagamos de este tiempo postmoderno, hagamos del tiempo que nos ha tocado vivir un lugar donde también es posible que la vida se ensanche.